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CUATRO HERMANAS

Mi padre poseía una granja en el lado occidental de Misuri, por debajo del rio, donde la meseta de Ozark desciende para unirse al la llanura.

Asi comienza una narración de Cuatro hermanas o “Moonflower Vine-Dama de noche” que es su título original en inglés.

La autora Jetta Carleton nos narra la historia de la familia Soames y lo hace asumiendo el riesgo de  hacerlo desde la perspectiva de cada uno de los protagonistas. En este caso la de cada uno de los miembros de la familia, las cuatro hermanas, Jessica, Leonie, Mathy y Mary Jo y la de sus padres Mathew y Callie. Lo que en principio nos parece una historia simple y poco atractiva se irá conviertiendo poco a poco en una narración menos inocente, descubriéndonos los secretos que guardan en sus corazones los integrantes del relato. Pese al cariño que se tienen y que parece a prueba de cualquier suceso se esconde una unidad familiar que puede romperse o dejar de emanar ese embriagador perfume de la Moonflower y secar la intima relación que existe entre ellos. No parece casual el que la autora escogiera esa  solanácea como nombre para su novela. Su profundo olor desaparece en un momento tan pronto como sus flores se cierran.

La novela trata un tema universal, la  unión familar, las múltiples causas que la conforman y a la vez erosionan o unen de forma indestructible.

Meseta de Ozark

En algún aspecto la  obra recuerda una muy clásica, Mujercitas. Como en aquella la vida de la familia, los sueños, el amor, la busqueda de una vida más acorde con lo que se desea, configuran el desarrollo de la trama.

Jetta Carleton nació en 1913, en HoldenMissouri y falleció en 1999.

Estudió Literatura Inglesa en la universidad de Missouri. Tras obtener su máster, se dedicó a dar clases, colaboró como redactora en programas de la radio y la televisión y coqueteó en el mundo de la publicidad. Finalmente fundó una pequeña editorial junto a su marido en Santa Fe, The Lighting Tree,  en 1970.

Su primera y única novela fue Cuatro hermanas, publicada en 1962. En los años 90 comenzó su segunda novela, pero no llegó a publicarla.

Una Madre

Y es entonces cuando se me ocurre que este baile tan bien acompasado, este laberinto de gestos tan naturalmente hilados, todo este lenguaje fácil, reconocible, automático…, todo esto es lo que nos hace familia, historia común, comunidad. (76)

Una Madre habla de esto, de una familia, de los lazos que la unen, de cosas comunes, cariños no siempre bien expresados; problemas, también a veces mal expuestos; encuentros y desencuentros; variedad y comunidad. De eso nos habla Alejandro Palomas en las doscientas cuarenta y pico páginas de este libro.

Lo difícil es narrar las circunstancia que rodean a los personajes que componen dicha familia sin que el lector caiga en el desánimo de continuar queriendo ver a donde nos lleva lo que escribe. Y ese es para mi el primer mérito del relato, que interesa, que hace que lo sigamos con anhelo. Y no son personajes fáciles, ni la vida de la familia lo ha sido en todo su tiempo. Mama, personaje realmente central de la odisea en la que estamos inmersos, es una persona de 65 años. Hasta hace dos años casada con un hombre estafador, dominante y controlador. Con su voluntad anulada como la del resto de componentes de la unidad familiar. Ahora, libre al fin, ha descubierto un espíritu de aventura y no deja de iniciar cosas. Le ayuda su amiga Ingrid, una mujer que solo conocemos por los comentarios de Amalia, la madre, y que se nos revela como seguidora de algún tipo de vida extraño con influencias orientales.

Sigue su hija mayor, Silvia. También dominante como su padre y que ahora que él no está ha tomado esa función con los galones que conlleva ser la mayor de los hermanos. Soltera aunque viviendo con Peter, un sueco que nunca ha querido que le presentaran a la familia. Es una obsesa del orden y la limpieza. Viaja por trabajo a todo el mundo y es eficiente y cumplidora.

El tercero en discordia es Fer, el narrador de todo lo que pasa. Treinta años. Está viviendo un mal momento desde que su compañero Andrés  le abandonó, dejándole como recuerdo un cachorro de gran danes, de nombre Max; hoy un perrazo de 60 k de peso y su gran amigo. Su trabajo es  subtitular películas, además de doblar voces en ellas y prestar esta para anuncios publicitarios. Pero está solo, bueno con su madre, y no se ve con fuerzas para iniciar una nueva relación de pareja.

Enma es la tercera. Es lesbiana. La muerte accidental hace ya un tiempo de su compañera Sara de la que estaba muy enamorada, ha influido de forma importante en su vida y manera de comportarse. Su actual amor con Olga, una ejecutiva bancaria, ha logrado paliar en algo aquella situación, pero el recuerdo sigue ahí y parece que formará siempre parte de su existencia. Es maestra.

El quinto componente es Tio Eduardo. Hermano de Mama. Es una persona singular. No se llevaba bien con su cuñado y esto hacía que su presencia en reuniones familiares fuese una excepción. Ahora, con su hermana divorciada, siempre que puede está en ellas. Eso si, nunca de forma anónima. Él tiene que ser uno de los centros de atención y para ello recurrirá a todo tipo de subterfugios, incluso inventándose situaciones o hechos. Necesita que le hagan el debido y, para él, merecido caso. Es todo corazón. Silvia es su sobrina predilecta y siente por su hermana un gran cariño. Sabe que esta familia, extraña y lejana, él vive en Lisboa, es el puerto al que siempre puede llegar y ser recibido.

Como es fácil deducir de la descripción hecha de los componentes del clan no se puede  decir que sea una familia-tipo. Es más, vistos desde fuera, se diría que es una familia desestructurada. Ninguno encaja en lo que llamamos parámetros familiares normales. ¿Que les mantiene unidos?. Les mantiene unidos el urdimbre que pacientemente, con sus modales de mujer ingenua y en ocasiones ida, Amalia se afana en colocar para que los demás puedan pasar por ella sus hilos llenos de amargura, esperanzas, logros no alcanzados y desamores. Hilos todos que tejen una fuerte tela en la que tienen cabida y en la que el cariño está siempre garantizado. Son conscientes de sus limitaciones, de sus casi siempre fracasos y al tiempo que pueden criticar tal o cual acción puntual de los demás, saben asumirla y animar para que no pase a mayores; para que nadie caiga en el hoyo profundo del olvido, censura o desamor. Están vacunados contra todo pesimismo. De esa vacuna se encargó su desaparecido padre, un ser al que pintan despreciable en todos los ámbitos y el motivo por el que la madre les pide una y otra vez perdón, perdón por haberles dado como progenitor a una persona de ese pelaje.

En esa cena de fin de año se cuentan y recuerdan muchas cosas. Hay sorpresas y lo que pudiéramos llamar bromas. Amalia está muy contenta. Tiene a todos consigo y se siente feliz. Es una manazas de cuidado pero no le importa. Ella sabe lo que es sufrir un calvario como lo fue sus años con un hombre que la aniquilaba y despreciaba. Y sabe que ya no volverá a ser así; sabe lo que perdió hasta el momento en que la abandonó su marido y está dispuesta a que no vuelva a pasarle,  ni a ella ni a ninguno de los suyos. A eso les anima, Sabe que “no vale esperar a que pase algo para que las cosas cambien, porque por mucho que cambien, si no las miras, si no tiendes la mano para tocarlas, nunca te darás cuenta de que ya no son las que eran.”. Hay que agarrarlas y comenzar de nuevo cuantas veces haga falta.

Es un relato para leer despacio, masticar lo que se dice y ponernos en los zapatos de los intervinientes. Todos los actores de la trama están bien, incluso muy bien perfilados. Sus personalidades definidas con sus anhelos, aspiraciones y miedos. Se nos hacen cercanos y nos afecta lo que nos cuentan. Deseamos que sus vidas se resuelvan y sean felices.

Alejandro Palomas nació en Barcelona en 1967.

Estudio Filología Inglesa en la Universidad de Barcelona, completando su formación en el New College de San Francisco, donde cursó una maestría en Poesía.

Desde entonces ha trabajado como traductor de importantes autores, así como escribiendo para varios medios de comunicación, actividades que ha compaginado con su pasión por la escritura.

A lo largo de su carrera literaria ha publicado varias novelas, como El tiempo del corazón; El secreto de los Hoffman, (con el que fue finalista del Ciudad de Torrevieja 2008) o El alma del mundo (también finalista del Premio Primavera). Sus dos úlltimos libros, Una madre y Un hijo, han recibido el aplauso de la crítica.