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Olive Kitteridge

Pero una mujer no podría imaginarse que, después de criar a un hijo y ayudarlo a construir una hermosa casa cerca de la suya y poner en marcha su consulta de pedicura, él se casaría, se iría a vivir al otro extremo del país y ya no querría regresar a casa, aunque la bestia de su mujer le hubiera abandonado. Ninguna mujer, ninguna mujer, podría imaginarse eso. Que le roben a su hijo.

Esto es lo que piensa la protagonista principal, Olive Kitteridge, profesora de matemáticas en un pueblo de Maine. Un pueblo en el que ha vivido prácticamente toda su existencia y en el que sigue hoy viviendo, ya jubilada, en compañía de su esposo Henry Kitteridge, también jubilado de su antiguo puesto de farmacéutico de la localidad de Crosby. Tienen un único hijo Christopfer y viven en una bonita casa desde la que se puede ver la bahía y las aguas que bañan el pueblo.

Ella, Olive, es el lazo de unión de las trece historias que componen esta novela, ganadora del Pulitzer del año 2009 y que nos describen la vida en la pequeña localidad antes citada. Nos cuenta los avatares de las personas que moran en dicho lugar, sus secretos, sus miedos, ambiciones y fracasos. Son trece historia que relatan un mosaico de situaciones que tiene en común, como ya comenté, en que en ellas la protagonista tiene participación. Ella, que ha convivido con las gentes del lugar desde hace muchos años, que ha sido profesora de muchos de los que ahora protagonizan los relatos a que nos referimos, no es indiferente a nada de lo que sucede y tiene su propio posicionamiento en cada caso.

Estos relatos hacen de historia viva de la comunidad. No cuentan solo el presente, también el pasado y evolución de sus actores. Incluido claro está, el del matrimonio Kitteridge. La evolución del mismo, la forma de ser antes y después tanto de Olive como de Henry. Describe el carácter de ambos, tan distinto. Ella es altiva y un tanto despectiva, una mujer segura de si misma, tanto que en un momento dado su marido le dice que “no recuerda que ella se haya disculpado alguna vez“. Él, Henry es un hombre amable, conciliador y dispuesto a ayudar en todo lo que se le solicite. Desde su puesto de farmacéutico conoce muchos de los problemas personales de sus semejantes, pero eso no hará variar su manera de ser y de tratar a la gente.

Mención aparte merece Christofer. Es un niño obeso, abúlico, poco dado al ejercicio físico. El carácter de su madre le intimida y domina. Olive no lo ve, no percibe el temor que embarga a su retoño. Será palpable desde el momento que este pude independizarse. Es pedicuro y se casa con una mujer de gran belleza, médica gastroenterólaga. Desde el primer momento Olive y su nuera no se llevan bien. Para Olive ella le ha robado a su hijo. No entiende como una mujer de aquella belleza y posición social ha podido enamorarse de su Christofer. Todo se complica aún más cuando este le anuncia que se muda con su mujer a California, al otro lado de aquel inmenso país. Es un duro momento para el matrimonio, especialmente para ella.

No es el objeto de este comentario desgranar las historias que componen la narración. Sí lo es fijar la personalidad de la figura principal del relato, Olive. Su evolución queda patente, de aquella mujer fría, segura de si misma y un tanto déspota a la que al final aparece como una persona necesitada de afecto. Sola por la evolución natural de la vida en lo que a su marido se refiere y por el desafecto de su hijo, su mayor ilusión, el anhelo más buscado para sus años de senectud. La costumbres sociales han evolucionado y no siempre ha sido consciente de ello. Aún así no se rendirá y aprovechará el encuentro con alguien que como ella no quiera pasar sus último años en soledad, rodeado de recuerdos más o menos felices. La soledad nunca y menos en esos momentos ha sido un buen estado.

Todo el libro interesa. Las trece historias nacen y mueren en unas pocas páginas. Es fácil sumergirse en ellas y lamentar su brevedad. Estoy seguro que, de querer, cada una de ellas daría para un relato más intenso, con descripciones más precisas de los distintos intervinientes en el mismo. Elizabeth Strout, cuyos primeros pasos en su vida los dio en poblaciones como la que aquí describe ha preferido este formato y personalmente lo encuentro muy acertado en la forma y en el fondo.

La novela ha sido base para que la cadena HBO haya producido una miniserie televisiva que ha cosechado seis Premios Emmy en 2015. Este mes de noviembre ha sido emitida en nuestro país.

Elizabeth Strout, nació en Portland (Maine) el 6 de Enero de 1956. En 2009 ganó el Premio Pulitzer de Ficción con la novela que nos ocupa.

Después de egresar del Bates College pasó un año año en Oxford, Inglaterra, seguido de un año de estudios en leyes. Se graduó con honores en 1982, recibiendo tanto un grado en leyes como un certificado en Gerontología de la Universidad de Siracusa. En ese mismo año publicó su primer cuento en la revista literaria Newletters.

Continuó escribiendo cuentos que fueron publicados en diversas revistas literarias, así como en Redbook y Seventeen.

Trabajó durante seis o site años para completar su libro Amy e Isabelle, el cual fue preseleccionado en el año 2000 para el Premio Orange y nominado para el Premio Faulkner de ficción. Este historia fue adaptada como película televisiva.

Fue profesora del NEH, (Fondo Nacional de las Humanidades) en la Universidad de Colgate durante el otoño de 2007. Allí enseñoó escritura creativa para niveles iniciales y avanzados.

Su última novela, The Burgess Boys, se ha publicado en Marzó de 2013.

 

 

 

 

El café de la juventud perdida

Me caería redonda y la gente seguiría su camino sin hacerme caso.

Modiano, autor de este corto e intenso relato, nos describe algo tan cotidiano como el común de las relaciones personales. Esas relaciones basadas en encuentros más o menos densos y duraderos en ciertos lugares comunes que la terminología actual llama “puntos de encuentro”. Un centro social, una plaza, una reunión con cualquier pretexto, un café.

Le Condé es nuestro café, al que podemos considerar un personaje más de la narración. Es el París de los años 60, está ubicado en el barrio de Montmartre. En él de forma cotidiana se encuentran una serie de personas que hablan entre sí, se conocen de verse en ese lugar, saben algo unos de los otros, todo lo que cada uno quiere exponer sobre si mismo. Rara vez las relaciones van más allá que las propias del tiempo que pasan juntos en el local y tampoco los interlocutores formulan pregunta alguna que sirva para conocer mejor con quien se está tratando. Hay por supuesto excepciones, pero sin que sirvan para profundizar mucho en el conocimiento mutuo. Sabemos lo que nos dicen y el presente que viven. Lo demás pertenece a cada cual y lo guardan para sí a ultranza.

La historia tiene cuatro narradores y gira en torno a una de las personas que son asiduas a dicho café, Jacqueline Delanque, a quien en dicho establecimiento y por uno de los asiduos es bautizada como Louki. Ella es el eje del relato y también una de los cuatro que lo narran.

Su persona será la que aúne lo que el autor quiere contarnos que no es otra cosa, a mi modo de ver, que la liviandad de las relaciones sociales en la mayoría de los casos. Como forjamos ideas de relación e incluso amistad entre nosotros sin otra base que el presente que vivimos juntos durante determinados momentos de nuestros días.

Jacqueline Delanke-Louki ha llegado allí casualmente, en un momento difícil de su vida, en el que trata de definir seguir o no la mentira de un matrimonio que sabe no la lleva a ningún lugar. Creerá encontrar nuevos objetivos a los que aferrar su hasta ahora anodina existencia. Durante un tiempo el café será su boya salvadora, de hecho le servirá para tener nuevas experiencias e incluso un conato de amor con otro de los clientes de dicho local, Roland, persona que también oculta una vida pasada. Roland no es ni nombre ni apellido, pero queda bien, incluso suena muy francés.Vivirán una especie de romance. Habitarán en una de las “zonas neutras”  que para el autor existen en todas las grandes ciudades, barrios donde el continuo trasiego de personas hace que no existan lazos comunes ni raíces con ese territorio. Son zonas de paso, sin  anclajes y donde nadie sabe ni quiere saber de nadie. Pienso que este término y su aplicación a dichos lugares es una de las mejores aportaciones del autor. Es una definición muy lograda para indicar ese tipo de barrios.

Por lo que Louki nos dice de ella misma, sabremos que es  hija única; su madre era una limpiadora del Moulin Rouge, Desconoce quien fue su padre y tiene una formación primaria que le impidió ser admitida en el Liceo de su barrio. Su madre y ella son de pocas palabras y la relación entre ambas es ligera, por no decir que nula. Viven juntas, pero eso es todo. Aún así su madre le ayuda en las ocasiones en que la policía la detiene por “vagabundeo juvenil”. No le hace reproches ni ella dejará sus paseos nocturnos por estos incidentes.

Sospecha quien puede ser su padre. La persona que paga el alquiler y a la que seguirá viendo después de la muerte de su madre. Nos habla de su relación con Jeannette Gaul, y con otros. Al final tiene algo más que una simple relación con Roland.

El mérito de Modiano es lograr narrar la cotidianidad y hacerlo de manera tan extraordinaria.  Describir los personajes hasta ese punto que nos hace pensar que algo de ellos sabemos, pero que profundizando vemos que no, que son misterios y lo van a seguir siendo. Hace que los lugares nos sean familiares, aún sin que hallamos estado allí. En una palabra logra que nos interesemos por la historia pese a que sabemos que no habrá nada superlativo en ella. Como el resto de personajes del libro también nosotros, lectores, nos sentiremos atraídos por Louki y no descansaremos hasta conocer el final de lo que, tan hábilmente bien, nos cuenta.

Patrick Modiano nació en Boulogne-Billancourt, el 30 de Julio de 1945. Es un novelistas francés ganador  del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa (1972), del Premio Goncourt (1978) y del Premio Novel de Literatura (2014). Varias de sus novelas han sido llevadas al cine y ha participado en la escritura del guión de algunas películas, entre ellas Lacombe Lucien, de Louis Malle.

Su padre, Albert Modiano (1912-1977) era descendiente de una familia de judíos italianos que se habían instalado en Salónica, desde donde emigraron a París. Su madre era la actriz belga Louisa Colpeyn. Ambos se conocieron durante la ocupación alemana de Francia, tuvieron que ocultarse y se casaron en noviembre de 1944. Patrick fue su primer hijo.

Su infancia estuvo marcada por las ausencias de su padre, empresario que hacía frecuentes viajes al extranjero, y de su madre, con frecuencia en gira. Esto hizo que se uniera más a su único hermano, Rudy, nacido en 1947 y fallecido prematuramente en 1957. Su muerte supuso el final de la infancia del futuro escritor.

Después de cursar estudios primarios ingresa en el Liceo Enrique IV de París. Durante su permanencia en este centro recibió clases particulares de geometría del escritor Raymond Queneau, que era amigo de su madre. Termino su bachillerato en Annecy, pero no inició estudios superiores.

Su encuentro con Queneau fue crucial para su posterior carrera literaria. Publico su primera novela, El lugar de la estrella, en 1968. Desde ese momento se dedicó únicamente a la escritura.

En septiembre de 1970 se casó con Dominique Zerhfuss. El matrimonio ha tenido dos hijas, Zina (1970) cuyo registro oficial describe en Libro de familia, y Marie (1978).

Una constante en su obra es la ambientación de lo que narra en la época de la ocupación alemana de Francia durante la Segunda guerra mundial. Aunque él no vivió esa época considera que es un período “confuso y vergonzoso” de la historia de Francia y para el constituye su “prehistoria” personal.

A esta ocupación dedica las tres primeras novelas, Place de l´Étoile (1968), La ronda de noche (1969) y Los bulevares periféricos (1972). En ellas se describen situaciones muy diversas pero todas relacionadas con la mencionada ocupación. En la primera mezcla personajes ficticios con otros que realmente existieron, como son los casos de Louis-Ferdinand Céline, Pierre Drieu La Rochelle e incluso Marcel Proust. En la última de ellas introduce algo muy presente en su obra, la búsqueda del padre.

En 1975 publica Villa Triste que supone una ruptura con su anterior línea narrativa. Esta novela fue llevada al cine por Patrice Leconte con el título de El perfume de Yvonne.

Su obra literaria es extensa y abarca múltiples facetas, desde historias con un alto contenido autobiográfico e incluso peripecias familiares de antes de su nacimiento, hasta una dedicatoria especial a su padre, Calle de las tiendas oscuras, que le valió el Premio Goncourt del año de su publicación (1978).

La relación con su padre queda también de manifiesto en  Un pedigree (2004), un relato autobiográfico desvela sus orígenes familiares y su propia ambigüedad frente a su padre, personaje dudoso, novelesco y con muchas sombras ingratas. “Llevaba diez años sin tener noticias suyas y supe de repente que se había muerto“. Desde entonces rehabilita la figura paterna. Tras un silencio temporarl en 2007 apareció En el café de la juventud perdida, que tuvo un gran éxito.

Es de destacar la importancia que en su formación literaria ha tenido Raymond Queneau. Sus relaciones fueron más intensas que las de profesor y alumno. Fue el lector de sus primeras obras e incluso actuó como testigo en la ceremonia de su boda.