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El jardín olvidado

Esta novela de Kate Morton está entre los libros más solicitados  desde su publicación en el año 2010 y en mi opinión lo que la autora cuenta no desmerece esa preferencia. Es una obra con un argumento atrayente, narrado con fluidez y exprimido al máximo para sacar todo el provecho posible a la trama que describe.

Esta trama se basa en la necesidad que una de las protagonistas tiene de conocer quien es, quienes son sus progenitores y las causas por las que fue abandonada en 1913  con solo 4 años de edad.   Fue un abandono singular, a bordo de un vapor que hacía la travesía desde Londres al puerto australiano de Maryborough.

A partir de este suceso se desarrolla el relato que la autora plantea. La niña abandonada hace el viaje en compañía de otra familia, una mujer con dos hijos pequeños que va a reunirse con su marido y padre de los niños. Ella no sobrevivirá al viaje y al llegar a puerto la pequeña,  de la que hasta entonces desconocemos su nombre, es nuevamente abandonada y  recogida por uno de los trabajadores de la colla.

Hugh O’Conor, que era ese trabajador, está casado con una mujer delicada, Lil, no tienen hijos y adoptan a la niña. Se trasladan a Brisbane en busca de mejores perspectivas de vida y también para hacer desaparecer todo rastro sobre la forma en que Nell, así la llama, apareció en su entorno. Con ellos vivirá una vida feliz. Posteriormente el matrimonio tiene dos hijas a  las que Nell, como la mayor, cuidará y mimará. Sus hermanas también la quieren. Es ella la que soluciona los problemas de casa, dada la delicada salud de Lil.

En la fiesta de su 18º cumpleaños su padre adoptivo le cuenta como ha llegado a sus vidas. Algo muy importante se rompe dentro de Nell y  ya no será la misma; pero su sentido del deber hacía sus padres adoptivos y hacia sus hermanas la mantendrá con ellos durante décadas. En ese tiempo también ella formará una familia, tendrá una hija y una nieta, Cassandra.

Resuelta a buscar su origen se embarcará en una aventura que la llevará a las costas de Cornualles en Inglaterra. Para ello se ayuda de las pocas cosas que llevaba consigo cuando la encontraron.  Especialmente de un libro de cuentos bellamente ilustrados escrito por Eliza Makepeace. Estas pistas la  conducen  hasta el pueblo de Tregenna donde se ubican  las tierras de la familia Mountrachet y su antigua mansión, Blackhurst, entonces convertida en un hotel. En dichas tierras está también una extraña y pequeña cabaña al borde de un acantilado y rodeada por un misterioso jardín que le parece oculta  el secreto que busca. La cabaña está en venta y  la compra sin dudar ni regatear el precio.

Regresa a Brisbane decidida a liquidar el negocio de antigüedades que allí tiene y volver a Cornualles. Pero un hecho singular rompe sus deseos. Su hija, una mujer de vida difícil, le pide que se haga cargo por un tiempo de su nieta Cassandra. Nell  sabe que ese “tiempo” puede ser muy largo pero también sabe que su hija es capaz de abandonar a la niña. Acede a lo que le pide y pospone su vuelta a Inglaterra. Ya no podrá hacer ese viaje. Cassandra será su ancla a Australia. Fallecerá en Brisbane y dejará en herencia la casa del acantilado en Tregenna a su amada nieta. Será ella la que retomará la búsqueda de la identidad de su abuela e indirectamente de ella misma.

Esta es la sinopsis de la novela en lo que a la vida de Nell se refiere. Pero la novela nos cuenta muchos mas. A  la vez que nos relata lo explicado nos va haciendo partícipes de  la vida de otra serie de personajes que intervienen en la trama. Así sabemos de Eliza Makepeace,  de su madre,  Georgiana, hija de los señores de Mountrachet  y huida por amor de su entorno aristocrático. De  Linus Mountrachet, hermano de Georgiana, hombre de débil carácter, lisiado de nacimiento y aficionado a la fotografía. De  Adeline Mountrachet, mujer de baja extracción social que pese a todo casa con el señor de Blackhurst, ascendiendo a un rango para el que no está preparada, lo que suple con altivez y oportunismo.  De Rose, la hija de Linus y Adeline, persona de belleza singular pero enfermiza, por quien su madre siente verdadera pasión. Rose será junto con Adeline y Eliza personajes muy importantes en todo lo que sucede.

Los saltos en el tiempo al narrar los hechos son constantes. Abarcan desde 1900 a 2005. La novela está dividida en tres partes y en cada capítulo se hace referencia al lugar y a la fecha en la que sucedieron los hechos que se describen.   Esto hace que el lector siga con facilidad el hilo de la historia y a la vez tenga la sensación de estar leyendo varias tramas que si bien están unidas en  lo principal, la búsqueda de los orígenes de Nell, no dejan de tener sus propios argumentos.  Cada una de ellas podrían haber sido la base de una novela individualizada.

Otra sorpresa  que nos depara el libro es la inclusión de  unos cuentos infantiles que supuestamente escribió Eliza Markepeace. Son cuentos muy cortos pero de una imaginación sorprendente. No cabe duda que Katy Morton si lo desea puede publicar un libro de estas características segura de que tendrá éxito entre los más pequeños y no tan pequeños.

En resumen encontré el libro muy interesante y gratificante. Me sentí preso de la narración y busqué todos los ratos que pude para enfrascarme en su lectura.

Kate Morton es una escritora australiana, nacida en Berri (Australia) en 1976.

Es la mayor de tres hermanas. Su familia se mudo varias veces hasta decidirse por Tamborine Mountain, donde asistió a una pequeña escuela rural. Desde  muy niña le gustó leer  libros siendo sus favoritos los de Enid Blyton.

Licendiada en Trinity College London, asistió a un curso de verano sobre Shakespeare en la Real Academia de Arte Dramático en Londres. Posteriormente se graduó en Literatura inglesa por la Universidad de Queensland. Completaría su formación con una tesis sobre la tragedia en la literatura victoriana. Es una estudiosa de los elementos góticos en la narrativa contemporánea.

Podemos decir de ella que se ha forjado una excelente reputación en el terreno de la ficción y sus novelas, entre las que destacan La casa de Riverton (2007) y El jardín olvidado (2008), se han publicado en casi cuarenta países.

Mentres agonizo

Estabamos avisados de que este era un libro esixente, que practicamente todas as novelas de Faulkner tratan de facer un pacto co lector; se chegas pacientemente á derradeira páxina a recompensa será incalculable, e parte dos lectores resisten a dureza dos ambientes, a crueza dos personaxes, a tosquedade dos tipos, o seco arredor, para chegar a esa captura mística que é un final faulkneriano. Como agardar durante días que unha flor se abra para un único segundo, un labor de saber agardar.

Mentres agonizo é, na súa lectura, un mentres descubro, un mentres acompaño á defunta nai da familia Bundren, dentro dunha caixa feita polas mans do fillo maior e na busca da promesa feita: soterrarse na súa cidade natal, a días de viaxe en carro, en peregrinaxe familiar.

A promesa do esposo convértese nunha sorte de viaxe iniciático de cada un dos membros da familia, na que a propia voz da defunta vai sobresaíndo para xulgar as actitudes dos seres queridos e tamén expiar unha culpa lonxana. Cada un dos fillos que, como unha estadea acompañando o cadaleito, agocha embaixo da promesa á nai morta, un dobre propósito que os anima egoístamente a avanzar, a pesar dos obstáculos de  dez días de viaxe tras dun temporal, ríos que desbordaron o cauce, hospitalidade hipócrita, os avutres seguindo a comitiva, dores físicas e morais.

A conciencia da finada Addie Bundren acouga, mais cada un dos membros da súa familia ten algo que soterrar no escuro do seu cavorco e unha gralla moral que expiar durante o sinistro viacrucis.

PAN NEGRO

Son moitos os libros que temos lido até o de agora nos que, a través dos ollos dun neno, descubrimos o que resta da vida despois dunha guerra. A presa, de Oé, De cómo o soldado repara o gramófono, de Stanisic…e non será o último. A visión única que nos achega a interpretación da adultez desde esa distancia de respecto e incomprensión dos nenos, é imprescindible para tinxir ao lector de imparcialidade, de prudente afastamento dos prexuízos e dos coñecementos que levamos sobre o tema, a nosa experiencia, que filtra a calquera lectura que fagamos. Para procurar a complicidade tamén é imprescindible.

 

Pan Negro distáncianos, en plena posguerra española, dos bandos vencedor e vencido. Os ollos de Andrés quedan apegados á incomprensión do abandono, mesturados cos anos novos do xogo e do asombro. Cos seus curmáns, disfruta dunha infancia típica rubindo ás árbores da masía, indo á escola e espertando ao mundo dos adultos dunha maneira precipitada tras da morte do seu pai na cadea.

 

Diferenciados ese micromundo infantil en movemento cara á adolescencia, de olladas fugaces á vida dos maiores, e ese outro de adultos que case non prestan atención aos cativos mentres maduran, interactúan Andrés e a súa familia. Unha avoa contestataria e interesada no progreso ao mesmo tempo que na tradición, que cre en Europa e no poder da prensa tanto como no trasno que habita a casa e visita os nenos polas noites. Un pai ausente, encadeado polas súas ideas e unha nai que ten que vivir e traballar no pobo das fábricas do sacrificio e da alienación. Os tíos, as tías, os frades camilos e os tuberculosos que toman o sol espidos no horto da freguesía e que fan espertar os ollos sutilmente á consciencia do corpo e da súa vulnerabilidade…

 

A guerra é unha sombra e unha excusa para medrar e adentrar os nenos as auténticas relacións humanas. En canto se abandonan as polas da randeeira e os pantalóns e saias curtas dan lugar a vestidos máis longos, a hipocrisía aparece, os nenos xa non son tan nenos, a inocencia é xa outra cousa, indefinida, e o mundo é un lugar máis definido, máis limitado e adusto. Nada do que levaba o neno nos ollos fica senón é para acodir á memoria e mesturala coa ficción, amasando, coa receta dos tempos, un pequeno pan negro.