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De Barcelona a los Mares del sur

Barcelona, enero 1979. Después de llevar un año desaparecido, el cuerpo del empresario Stuart Pedrell es hallado en un descampado del barrio de la Trinidad. La viuda del difunto, la hermosa y cínica Mima, a través del abogado de la familia, encargará a Pepe Carvalho que investigue la vida de su marido durante ese año de ausencia. No parece, no obstante, demasiado afectada por los hechos.

Si sale el asesino, pues venga el asesino. Pero lo que nos interesa es saber que hizo durante ese año. Comprenda que hay muchos intereses en juego.

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Desde este momento,  y partiendo de una única pista, un papel doblado encontrado en los bolsillos del cadáver en el que aparece escrito en italiano Ya nadie me llevará al sur, Carvalho comenzará a entrevistarse con los allegados al empresario: familiares, socios, amigos y amantes. En este deambular, entraremos en contacto con la alta sociedad catalana: conoceremos al Marqués de Munt, representante de la alta aristocracia,  arrogante y esnob, cuya posición social parece situarlo por encima del resto de los mortales ; al esforzado Planas, que  luchará por alcanzar la posición del marqués sabiendo de antemano sus limitaciones; a su amante, también de alta cuna,  Adela Vilardell… todos ellos ricos hasta la médula, pero fríos y escasamente conmovidos por el destino de su amigo y socio.

Más allá de la trama detectivesca, Montalbán nos ofrece un retrato de la España de la transición. Han pasado cuatro años desde la muerte de Franco, uno desde la firma de la Constitución de 1978 y apenas unos meses desde la matanza de AtochaA través del descreído Carvalho, Montalbán retrata el desencanto de toda esa España maltratada por el franquismo ante los derroteros que va tomando la tan ansiada transición. Esa España cuyo desarrollo vendrá de la mano de unos pocos que se enriquecen a costa de muchos; donde los verdaderos héroes serán, a los ojos de Carvalho, esos desheredados que tendrán que aceptar una transición no tan idílica como siempre nos han presentado.

Los mares del sur es la tercera entrega de la serie protagonizada por Pepe Carvalho, con la que Montalbán obtuvo el Premio Planeta 1979 y  se dio a conocer en todo el mundo.


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“Los detectives privados somos como los traperos: rescatamos de la basura lo que aún no es basura. O lo que bien visto podría dejar de ser considerado basura.

Además del detective que da nombre a la serie, y de los personajes que conforman su círculo más íntimo, Charo, Biscúter, Fuster… una serie de constantes se repiten en todas las entregas: las abundantes referencias gastronómicas y literarias; la quema de libros de Carvalho; el protagonismo de la  ciudad de Barcelona como marco geográfico; la crítica social; el hedonismo… Constantes que dotan a la serie de una identidad propia dentro del panorama de la novela negra internacional, y que en cierto modo marcarán el devenir de la este género  en la literatura española.

Aunque conocido fundamentalmente por la serie de Carvalho, Manuel Vázquez Montalbán cultivó otros géneros con  maestría: desde la crónica periodística hasta la poesía o el ensayo.

Puedes encontrar más información sobre el autor y su obra consultando nuestro dossier

Dossier “Los mares del sur

Portada
Descarga aquí el dossier en pdf

 

Y si te interesa escuchar a Montalbán de propia voz, aquí podrás ver  esta entrevista emitida después de su muerte el 18 de octubre de 2003.

La rubia de los ojos negros

– Me llamó Cavendish — dijo.

La invité a que tomara asiento. Si hubiera sabido que iba a llamar a mi puerta, me habría peinado y me habría perfumado detrás de las orejas con un ligero toque de ron de laurel.

Raymond Chandler creó en su momento un personaje inolvidable, el detective privado Philip Marlowe. Sus peripecias tuvieron un extraordinario éxito que se reflejó en la aceptación de sus novelas, la traducción de las mismas a diversas lenguas y la adaptación cinematográfica de las aventuras que reflejaban. El personaje de Philip Marlowe fue representado en la gran pantalla por afamados artistas como lo fueron Humphrey Bogart, Robert Mitchum o James Garner.

Philip Marlowe me atrevo a decir que fue el paradigma del detective privado americano. Un personaje cínico, duro, bebedor, sin miedo al dolor físico. Bajo esta apariencia se esconde una personas contemplativa, irónica y filosófica, amante de la tranquilidad, el ajedrez y el cuidado de su bonsái. Sin un físico especialmente atractivo, aunque en la pantalla no lo representaban así, atrae a las mujeres de toda condición que le encargan trabajos o que son investigadas por él. Se deja querer y no pierde de vista su objetivo, deshacer el entuerto para el que le contrataron.

Pues bien, partiendo de estas premisas y muchos años después de la muerte de su creador, John Bamville por medio de su seudónimo Benjamín Black se atreve a resucitar a Marlowe. Bamville un escritor de éxito, con novelas complejas, siempre muy bien escritas y que tiene la facilidad de describir los ambientes de tal manera que lleva al lector a identificarse con la situación de una forma extraordinaria, parece que se está viendo, notando y casi oliendo lo que narra, utiliza a su álter ego Benjamin Black para escribir este tipo de novela. Dice que le ayuda a desentumecerse, y explica que lo hace así porque cuando escribe como John Bambille consigue redactar unas doscientas palabras al día. Si es Benjamín Black quien lo hace el chorro de palabras sale con mayor libertad y logra alcanzar las dos mil diarias. Es un descanso.

Y de que va la novela que nos ocupa. Pues de lo habitual en este tipo de historias. En momentos de horas bajas Marlowe recibe la visita de una elegante, joven, hermosa y rica dama que le encarga la la localización de su amante muerto unos meses atrás. Ella le expone que está segura de haberse cruzado con él recientemente en otra ciudad y sospecha que algo raro ha pasado en la desaparición del mencionado amante.  La rubia de los ojos negros que pide su colaboración es Clare Cavendish, está casada, proviene de una rica familia y pide la mayor discreción en el esclarecimiento del caso.

La novela tiene todos los ingredientes necesarios para ser un buen ejemplo de este tipo de literatura, pero además tiene un añadido, está bien escrita. Casi sin darse cuenta Marlowe se encuentra enredado en los avatares de una de las familias más ricas de Bay City, con todo lo que esto representa en lo relativo a la lucha interna por el poder, el dinero y el honor y porvenir de la estirpe.

Como es habitual en Benjamín Black el final se produce de súbito. En dos/tres páginas el misterio queda resuelto y la fama del investigador intacta y acrecentada con la resolución de un nuevo y singular caso. Como debe ser.

Jonh Bamville es un novelista irlandés nacido en Wesford en 1945. Está considerado uno de los grandes talentos de la lengua inglesa. Ha recibido el Premio Booker en 2005. Escribe también novelas de serie negra bajo el seudónimo de Benjamin Black.

Desde muy joven quiso ser escritor. Estudio en una escuela de los Hermanos Cristianos y en el colegio católico de San Pedro de Wesford. Al terminar en vez de ir a la universidad se puso a trabajar en la compañía aérea Aer Lingus, lo que le permitía viajar por el mundo. Más tarde diría de esta decisión que fue un gran error, que debió ir a la universidad y tomarse un tiempo para emborracharse y enamorarse. Pero quería irse de su familia, quería ser libre.

Vivió en EEUU entre 1968 y 1969. Al regresar a Irlanda entró a trabajar como periodista en The Irish Press, del que llegó a ser subdirector jefe. A la desaparición de dicho diario pasó al The Irish Times. Es colaborador habitual de The New York Review of Books.

Publicó su primer libro en 1970, una recopilación de relatos titulada Long Lankin , a la que seguirían un a serie de novelas, Nightspawn, Birchwood, la llamada trilogía de las revoluciones – Copérnico (1976), Kepler (1981) y La carta de Newton (1982) – y cerca de una docena de novelas más entre las que destacan El Libro de las pruebas, (1989) finalista al Premio Brooker y El mar (2005) que ganó el preciado galardón.
Banville es conocido por el estilo preciso de su prosa. Su ingenio y su humor negro muestran la influencia de Nabokov.

En 2006 aparece el primer libro de Benjamin Black, El secreto de Christine, novela con la que da vida a un personaje detectivesco, pese a que en realidad es un médico dedicado a la patología, es forense en un conocido centro hospitalario de Dublín. Esta novela es la primera en la que Quirke, que así se llama el personaje, tiene que investigar un hecho sin que le afecte directamente,  le siguen El otro nombre de Laura y En busca de April. Tiene otras novelas del mismo estilo publicadas.

Para Banville, que también ha escrito piezas de teatro, su oficio tiene mucho de samurái: “Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura”.

Está en posesión de numerosos premios y distinciones. Este año 2014 le ha sido concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

El otro nombre de Laura

Con la lectura de este libro damos comienzo al curso 2014/2015. Esperamos que sea tan gratificante como fue el anterior.

La novela comienza con una solicitud de entrevista entre dos personas que hace mucho tiempo que no se han visto. Billy Hunt solicita esa entrevista al Dr. forense Quirke. Ambos se conocieron en su época de estudiantes de medicina, si bien Billy Hunt no llegó a terminar la carrera. Pese a que no se puede decir que fuesen amigos, Quirke acepta celebrarla. En ella Billy le solicita que finja hacer la autopsia al cadáver de su mujer. Esta había aparecido muerta unos días antes y todo parece indicar que la causa fue un suicidio. A Quirke aquella petición no le parece normal, pero en virtud de una pretendida confraternidad académica accede a la petición que le hace su antiguo compañero.

Una vez delante del cadáver y después de la primera inspección visual del mismo, Quirke se salta su promesa e indaga la verdadera causa de la muerte de la mujer a quien todos llaman Laura Swan y cuyo verdadero nombre era Dreide Hunt, de soltera Dreide Ward.

A partir de ahí comienza a desarrollarse el entramado en el que se basa la historia que el autor nos cuenta, y si hemos de destacar algo de ella por encima de todo lo demás es la descripción de los distintos personajes que intervienen en su desarrollo. No todos ellos son personajes nuevos para el lector de las obras de Benjamin Black (seudónimo de John Banville). Esta es la segunda novela en que el protagonista principal es el Dr. Quirke; de hecho a lo largo de la narración se hacen referencias a otras personas que sustentaron la anterior historia, “El secreto de Christine“. Tanto el también Dr. Mal como la hija de Quirke, Phoebe, ya figuraban entonces y siguen aquí con más o menos protagonismo que en el caso de Phoebe su presencia en el entramado es importante hasta el punto de formar parte del desenlace.

Todos los personajes que el autor introduce tienen bien definida su función y perfectamente descrita su personalidad. La forma de narrar hace que nos  sea fácil imaginarnos su aspecto y por tanto que nos  parezcan amigables al margen de su función en la trama. Todo está bien orquestado para que el lector tenga ese punto de deseo que hace que la novela interese. Es posible que si se tratase de otro autor que no tuviese la sintaxis del que nos ocupa, la narración nos pudiese parecer un tanto barroca y distorsionar el seguimiento de los hechos que describe. No es el caso, Benjamin Blakc, (Banville) es un maestro en construir literariamente el mundo en que quiere que sintamos lo que nos relata. Estamos en los años 50, en Dublín, en una Irlanda tradicionalista y católica y en la que, al parecer, no todo es tan justo y honrado como esa sociedad parece. Ya en la citada novela anterior denunciaba la hipocresía de aquella sociedad. En esta abunda en ello si bien de forma más sutil. En esa sociedad se dan casos de chantaje, drogas, alcoholismo, sexo, corrupción y búsqueda de paraísos artificiales que llenen la anodina vida de muchas respetable personas.

El epílogo de la novela nos indica que habrá una tercera obra en la que el personaje de Quirke volverá a ser protagonista.

Jonh Bamville es un novelista irlandés nacido en Wesford en 1945. Está considerado uno de los grandes talentos de la lengua inglesa. Ha recibido el Premio Booker en 2005. Escribe también novelas de serie negra bajo el seudónimo de Benjamin Black.
Desde muy joven quiso ser escritor. Estudio en una escuela de los Hermanos Cristianos y en el colegio católico de San Pedro de Wesford. Al terminar en vez de ir a la universidad se puso a trabajar en la compañía aérea Aer Lingus, lo que le permitía viajar por el mundo. Más tarde diría de esta decisión que fue un gran error, que debió ir a la universidad y tomarse un tiempo para emborracharse y enamorarse. Pero quería irse de su familia, quería ser libre.
Vivió en EEUU entre 1968 y 1969. Al regresar a Irlanda entró a trabajar como periodista en The Irish Press, del que llegó a ser subdirector jefe. A la desaparición de dicho diario pasó al The Irish Times. Es colaborador habitual de The New York Review of Books.
Publicó su primer libro en 1970, una recopilación de relatos titulada Long Lankin , a la que seguirían un a serie de novelas, Nightspawn, Birchwood, la llamada trilogía de las revoluciones – Copérnico (1976), Kepler (1981) y La carta de Newton (1982) – y cerca de una docena de novelas más entre las que destacan El Libro de las pruebas, (1989) finalista al Premio Brooker y El mar (2005) que ganó el preciado galardón.
Banville es conocido por el estilo preciso de su prosa. Su ingenio y su humor negro muestran la influencia de Nabokov.
En 2006 aparece el primer libro de Benjamin Black, El secreto de Christine, a la que han seguido otras cuatro novelas negras.
Sobre su desdoblamiento como escritor ha dicho: “El arte es una cosa extraña. Bajo el sombrero de Banville puedo escribir 200 palabras al día. Un día decidí que podía convertirme en otro y bajo ese segundo sombrero, en esa segunda piel, puedo irme a comer después de haber escrito mil palabras, tal vez 2000, y disfrutar con ello. Es increíble descubrir como otro tipo puede vivir tu vida, usar tus manos y deleitarse con eso. Escribir es un trabajo peculiar…. . Escribir es como respirar. Lo hago por necesidad. Por mi propia boca y ahora también por la de Black“.
Para Banville, que también ha escrito piezas de teatro, su oficio tiene mucho de samurái: “Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura”.

Está en posesión de numerosos premios y distinciones.

En este año 2014 le han concedido el Premio Príncipe de Asturias de las letras