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“El ancho mar de los Sargazos”

Ella Gwendolen Rees Williams (1890-1979), vivió la Rive Gauche parisina en compañía de personajes como Gertrude Stein y compartió tertulia con escritores americanos de la Generación Perdida como Ford Madox Ford, que prologó su primer libro de relatos “The Left Bank” (1927). La escasez de recursos la obligó a compatibilizar la escritura con trabajos eventuales como corista en varios cabarets conduciéndola a una espiral de alcoholismo y depresión durante más de treinta años en los que, pese a seguir escribiendo, vivió en el anonimato entre Paris e Inglaterra. Permaneció muchos años recluida en Cornualles, donde elaboró el borrador de la novela que la lanzaría a la fama “El ancho mar de los Sargazos” que firmaría con el nombre de Jean Rhys.

Esta novela de metaficción (tan de moda actualmente) recupera uno de los personajes de “Jane Eyre”, escrita por Charlotte Brontë y publicada en 1847, dando a la historia una nueva perspectiva a partir de un personaje del que apenas sabemos nada. Se trata de la misteriosa mujer de el señor Rochester, encerrada para ocultar su locura en el ático de Thornfield Hall. Jane Rhys nos cuenta la historia de esta mujer, Bertha Antoinette Mason de Rochester, desde su dura  infancia en la Jamaica colonial tras la Ley de Emancipación que acabó con la esclavitud, hasta el encierro en la mansión inglesa propiedad de su esposo. El racismo de blancos y negros, un matrimonio de conveniencia y la incomprensión más absoluta conducen a Antoinette a la depresión y la locura. La historia tiene mucho que ver con la vida de la autora, cuya dura infancia transcurrió en el Caribe del Imperio Británico y marcó el resto de una existencia marcada por la soledad, el abandono y la escasa integración en una sociedad poco comprensiva. Una historia paralela a la de Antoinette Masson.

La novela se nos presenta a través de la voz de Antoinette (primera y tercera parte) y la de su marido, que toma la voz de la segunda parte de esta historia (salvo una breve intervención de Antoinette) . La novela, que parece a priori un folletin victoriano, tiene grandes influencias de la escritura modernista y podemos encontrar en ella una mezcla de estilos cuya clave es la ironía, precisamente lo que más nos ha gustado del libro junto con las bellas imágenes que describe de un paisaje caribeño lleno de colores intensos y olores afrutados. Nos ha gustado también esta versión feminista de un personaje con unha historia propia que nos ha hecho cambiar nuestra visión de Mr. Rochester cuando hemos leído Jane Eyre. Con razón “El ancho mar de los Sargazos”, publicado en 1966, se convirtió en un icono feminista en su época y hoy en día es considerada como un clásico en la narrativa inglesa. De sus fuentes han bebido escritores como Byatt, Fowles o Lessing.

El cuento de la criada

¿Por qué las mujeres son interesantes e importantes?. Por qué en la vida real lo son. No son un subproducto de la naturaleza, no representan un papel secundario en el destino de la humanidad, y eso lo han sabido todas las sociedades.

Margaret Atwood comenzó a escribir esta novela en el año 1984. Es una narración de ciencia ficción distópica y feminista y una de las obras más importantes de esta escritora canadiense. En ella destaca la crítica social y el tratamiento de la mujer, temas que son frecuentes en sus obras.

La protagonista principal del relato es Debred. Ella es la artífice de las dos historias que nos narra la autora. Un ir y venir al pasado y presente de esta mujer configura el relato que nos ofrece.

La obra en sí puede clasificarse como una “distopía” . Y lo que plantea es preocupante pero no está ni mucho menos lejos de la realidad actual en algunas sociedades del planeta y no tan lejos de poder suceder en algunas otras que al día de hoy nos parece imposible que algo así pueda darse.

Ya entonces, 1984,  planteaba posibles ataques de terrorismo islámico. Consecuencia de ello unos políticos teócratas llegan al poder en Estados Unidos, que pasa a denominarse república de Gilead. Con motivo de defenderse de la violencia terrorista suprimen libertades esenciales como puede ser la de prensa o la división de poderes. Igualmente eliminan derechos, y de modo especial los que corresponden a las mujeres. A estas las dividen en castas y se promueve el miedo y la sospecha entre ellas. Las “criadas” son consideradas única y exclusivamente un objeto cuyo único valor está en sus ovarios, siendo un receptáculo necesario para alcanzar el nivel de nuevos nacimientos y poder mantener en Gilead su modelo de sociedad.

En esta sociedad, Defred es una mujer que pierde su dinero, su empleo e incluso su nombre. Es nominada “criada” y entregada como esclava a un hombre, el “comandante”. Su personalidad queda anulada, su independencia igual. No puede salir de su casa, salvo para las compras necesarias para el mantenimiento de la misma; hablar con personas ajenas que no sean sus propietarios, leer cualquier tipo de comunicado. No tiene libertad sobre su imagen, alimentación y relaciones sexuales, ya que no puede tenerlas con nadie a excepción de su dueño, que la puede tomar siempre que quiera, supuestamente con el fin de procrear. En estas relaciones estará presente la esposa de su comandante que debe sujetarla. El acto recibe el nombre de “ceremonia”.

Si no consigue concebir antes de seis años puede ser eliminada. Esto no solo pasa para las criadas, las demás mujeres, cocineras, limpiadoras, adiestradoras e incluso “esposas” pueden tener el mismo fin si no cumplen a rajatabla las normas sociales que les tienen asignadas. Los hombres pobres pueden poseer a una mujer como esposa, mientras que los más poderosos tienen limpiadoras y cocinera, vientre gestante (criada) y esposa cuidadora del marido y de los hijos de él con la gestante.

 

En líneas generales este es el ambiente que nos pone en situación para leer y entender la novela que nos ocupa. La autora describe las situaciones con fluidez y un realismo amargo que hace que en ocasiones nos sea difícil digerir lo que nos cuenta. Nos parece que es un hecho que no puede llegar a pasar en nuestras democráticas sociedades, pero los acontecimientos que se dan en nuestro tiempo ponen en duda que esto no pueda suceder. Un hecho quisiera resaltar en lo que se describe. Es cierto que narra las crueles normas que rigen la vida de las mujeres, pero tampoco son fáciles para la mayoría de los hombres, salvo para los “comandantes” y aún así y tal como la figura de Fred deja intuir, estos tienen también reglas rígidas y como todos los que viven dentro de este sistema, no están a salvo de una vigilancia secreta,  “ojos”,  que pueden delatarles y acabar con sus privilegios y vida.

El fondo de la cuestión es a lo que se puede llegar cuando se juntan motivos religiosos y sociales, cuando las leyes que rigen la convivencia se fundamentan con todo rigor en lo que los textos religiosos exponen como óptimo para dicha convivencia. Gilead no es in estado islámico. Es un estado cristiano, basado en el relato bíblico. El fanatismo puede darse en cualquier tipo de religión que además de revelar la existencia de un Creador indique como deben vivir las personas para llegar a ser merecedoras de su bondad.

Según se va adentrando en la lectura de la historia el lector no puede dejar de comparar lo que aquí se describe con otras obras de ciencia ficción que en su día nos describieron mundos de apariencia irreal, Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932), 1984 (George Orwell, 1949) o Fahrengeit 451 (Ray Bradbury, 1953). Puede que esta novela no alcance el reconocimientos de estos libros, pero no hay duda de que Atwood mantiene intacta su contundente carga feminista y una demoledora crítica social sobre el tratamiento que se le da a la mujer en un mundo controlado por hombres.

El final de la historia es abierto si bien en lo que se relata en el epílogo del libro “Notas históricas sobre El cuento de la criada” en donde se da cuenta de una conferencia que tiene lugar en el año 2195, hace nacer un rayo de esperanza, una luz al final del túnel sobre lo acontecido una vez que Defred hubo subido a la furgoneta que la llevó a ……….

Margaret Eleanor Atwood (Ottawa, 18 de noviembre de 1939) es una prolífica poeta, novelista, crítica literaria, profesora y activista política canadiense. Es miembro del organismo de derechos humanos Amnistía Internacional y una de las personas que presiden BirdLife International, en defensa de las aves. En la actualidad divide su tiempo entre Toronto y Pelee Island, en Ontario.

Es la segunda de los tres hijos de Carl Edmund Atwood, zoólogo, y Margaret Dorothy William, nutricionista. Debido a la investigación que llevaba a cabo su padre sobre entomología forestal, Atwood pasó gran parte de su infancia entre el norte de Quebec, Ottawa y Toronto.

Pronto se convirtió en una ávida lectora de todo tipo de literatura, desde novelas de misterio, hasta cuentos de los hermanos Grimm, historias sobre Canadá y cómics. Fue al instituto en Leaside, Toronto.

Atwood empezó a escribir a los 16 años. En 1957 inició sus estudios universitarios en la Victoria University de Toronto. Tuvo como profesores a Jay Macpherson y Northrop Frye, que encaminaron su poesía inicial (Double Persephone) hacia el tema de los mitos y los arquetipos.

Se graduó en 1961 como licenciada en filología inglesa, con estudios también de francés y filosofía.

En 1968, se casó con Jim Polk, de quien se divorció en 1973. Luego, contrajo matrimonio con el novelista Graeme Gibson, con quien se mudó a Ontario, al norte de Toronto. En 1976 tuvieron a su hija Eleanor Jess Atwood Gibson. Volvió a Toronto en 1980.

En otoño de 1961, después de ganar la Medalla E. J. Pratt por su libro de poemas Double Persephone, comenzó sus estudios de postgrado en el Radcliffe College de la Universidad de Harvard con una beca de investigación Woodrow Wilson. Obtuvo un máster en Radcliffe en 1962 y continuó estudiando dos años más en Harvard.

Ha impartido clases en la Universidad de British Columbia (1965), en la Universidad Sir George Williams de Montreal (1967-1968), en la Universidad de Alberta (1969-1979), en la Universidad de York de Toronto (1971-1972), y en la Universidad de Nueva York.

Su compromiso social la lleva a ser activa en la lucha por los derechos humanos, la libertad de expresión y otras causas.

El dinero ganado por el galardón Booker Prize lo donó para colaborar con causas ambientales.

Ayudó a lanzar la carrera de la poeta Carolyn Forche cuando los editores estadounidenses rechazaron su poesía sobre la guerra civil salvadoreña.

Atwood ha escrito novelas de diferentes géneros, ensayos, relatos y libros de poemas.

También guiones para televisión, como The Servant Girl (1974) y ensayos como Days of the Rebels: 1815-1840 (1977).

Se la describe como una escritora feminista, ya que el tema del género está presente en algunas de sus obras de forma destacada. Se ha centrado en la identidad canadiense, en las relaciones de este país con Estados Unidos de América y Europa, en los derechos humanos, en asuntos ambientales, en los páramos canadienses, en los mitos sociales sobre la feminidad, en la representación del cuerpo de la mujer en el arte, la explotación social y económica de ésta, así como las relaciones de mujeres entre sí y con los hombres.

En 1969 publicó The Edible Woman, donde se hizo eco de la marginación social de la mujer. En Procedures for Underground (1970) y The Journals of Susanna Moodie (1970), sus siguientes libros de poesía, los personajes tienen dificultades para aceptar lo irracional. Esta última quizá sea su obra poética más conocida; en ella, escribe desde el punto de vista de Susanna Moodie, una pionera de la colonización de la frontera canadiense del siglo XIX. Con la obra Power Politics (1971) usa las palabras como refugio para las mujeres débiles que se enfrentan a la fuerza masculina.

Como crítica literaria es muy conocida por su obra Survival: A Thematic Guide to Canadian Literature (1972), definida como el libro más asombroso escrito sobre literatura canadiense y que consiguió aumentar el interés en la literatura de este país.

Ese año, publicó Surfacing, una novela donde se formula en términos políticos el conflicto entre naturaleza y tecnología.

Con gran éxito y avalada por la crítica, escribió You Are Happy (1974), y su tercera novela, Lady Oracle (1976), una parodia de los cuentos de hadas y las novelas de amor.

En 1978, publicó Two-Headed Poems, que explora la duplicidad del lenguaje, y Up in the Tree, un libro infantil.

Su siguiente novela, Life Before Man (1979), es más tradicional que sus libros de ficción anteriores y se centra en una serie de triángulos amorosos.

Atwood siempre ha estado interesada en los derechos humanos, lo que se refleja en su libro de poesía True Stories (1981) y la novela Bodily Harm (1981).

Publicó Second Words (1982), muestra de una de las primeras obras feministas escritas en Canadá; ese mismo año dirigió la revisión del Oxford Book of Canadian Poetry, lo que la colocó al frente de los poetas canadienses de su generación.

Atwood sigue escribiendo, con gran éxito para la crítica y para sus lectores. Se estudian sus libros en escuelas, institutos y universidades de todo el mundo.

Tiene concedidos numeros premios literarios y reconocido méritos y recibido condecoraciones en su Canadá natal y otras partes del mundo.

El grupo

Todas ellas sin excepción coincidían en que lo peor que podía suceder era llegar a ser como mamá y papá, unas personas envaradas y timoratas (pag 18).

La novela está escrita en 1963 pero su acción transcurre en la década de los años treinta. Década afectada por el crack de 1929. Son años convulsos donde muchos de los antiguos valores sociales están en crisis y a la vez otras formas de vivir buscan asentarse en las diversas sociedades civilizadas.

Narra la vida de ocho jóvenes idealistas (Kay, Dottie,Pokey, Helena, Lobby, Priss, Lakey y Polly) . Acaban de salir de la Universidad y sueñan con cambiar el mundo, al menos aquel mundo que les rodea y en el que deben desenvolverse para llevar a cabo sus propósitos de desarrollo personal. En una palabra sueñan con aplicar a su vida las enseñanzas recibidas  y escapar de lo que entienden como dependencia de género, esto es “mujer-esposa-madre-ama de casa”.

Comienza la historia con la boda de una de las protagonistas,Kay,  (muchos ven en ella el alter ego de la propia autora, Mary McCarthy) una semana después de su graduación y por supuesto sus amigas están invitadas a la ceremonia. No es una boda al uso, no asiste familiar alguno de los contrayentes y la celebración es un tanto singular. Arranca aquí una serie de aventuras que van desgranando las vivencias de todas las mencionadas.

Durante los siguientes siete años sus vidas se verán sometidas a todo tipo de vicisitudes.   Aquellos sueños albergados en sus tiempos de estudio habrán sido sometidos a todo tipo de pruebas y en ellas no siempre saldrán ganadoras. El mundo  se transformará de forma radical y ellas tendrán que adaptarse a dichos bandazos, buscando otras formas de logra las metas que se habían propuesto. Son muchas y de lo más variadas, pero todas tienen un objetivo común, poder ser personas activas socialmente, independientemente de condición femenina; algo que chocará con las costumbres y la moral imperante.

Antes de sumergirnos en la lectura que tenemos por delante quisiera hacer un llamamiento para la mejor comprensión del relato y de lo que en él se cuenta. Debemos esforzarnos en recordar la época en que los hechos suceden, los años treinta del pasado siglo. Mucho de lo que se  describe  nos puede parecer hoy anacrónico,  unos 70 años después y ya en el siglo XXI. Incluso algunos lectores pueden considerar irreal lo que se narra. Ocurrirá especialmente cuando describe situaciones de orden sexual e íntimas, por ejemplo cuando se menciona como se  suponían que se producía el orgasmo femenino; la utilización de los anticonceptivos existentes, muchos de ellos prohibidos o al menos no aceptados socialmente; las relaciones de pareja e incluso las existentes dentro del matrimonio. El divorcio, el adulterio, la misoginia, el psicoanálisis, entonces muy popular, la homosexualidad. La importancia que se le daba a la virginidad femenina, etc.

Pese a lo antes comentado la novela no es procaz. La autora aborda los temas con una sencillez extraordinaria y por supuestos a la vez que éstos, otros se desarrollan en paralelo. Todos encaminados a describirnos las dificultades  que las mujeres deberían superar para lograr su reconocimiento social más allá de la figura femenina más arriba descrita. Sinceramente me gusta la forma en que McCarthy lo hace. No es de extrañar que de ella como escritora Norman Mailer  reflejara en el New York Review of BooksTenia que ocurrir. Estaba escrito que llegaría un día en que nuestra Primera Dama de las Letras escribiría un libro como éste, que haría que todo el mundo se sobresaltases”. “Las críticas publicadas hasta ahora nos la traen volando con alas de oro: “brillante”, “afinada”, “superlativa”, “increíblemente valiosa”, …  Desde que Elizabeth Janeway publicó The Walsh Girls  ningún libro escrito por una mujer había logrado la unanimidad de esta gente. Y ha ocurrido con Mary, nuestra santa, nuestro árbitro, nuestra Juana de Arco, la única capaz de recorrer de arriba abajo nuestro pobre reino encharcado”.

La novela tiene una fuerte carga autobiográfica tal como se desprende del comentario sobre el personaje de Kay. Mary McCarthy estudió, como ellas, en la Universidad de Vassar. Como ellas fue una mujer que se implicó en la lucha por el reconocimiento de la condición femenina, si bien no se la puede encajar en el “feminismo al uso”. Descrita en tercera persona,  su sintaxis es fluida y amigable. El relato es fácil de leer, comprensible. Nos dejará un poso agridulce. Casi todos los empeños de aquellas chicas fracasarán. Pese a ser una mujeres con una preparación intelectual superior a la media los prejuicios existentes y la moral imperante sera un freno importante a la hora de alcanzar las metas deseadas. Trasladando al presente los temas aquí desarrollados y pese a que muchos de los tabúes que entonces había han sido superados, tampoco hoy podrían lograr todos sus fines. Aún el genero sigue limitando el reconocimiento profesional y social que muchas mujeres merecen.

Mery McCarthy nació en Seattle, Washington en 1912 y falleció  en Nueva York en 1989 a los 77 años de edad. A los seis años quedo huérfana, con tres hermanos menores, al morir sus padres de origen irlandés en la epidemia de gripe de 1918. El responsable de cuidar a McCarthy fue un tío suyo, católico. Lo hizo duramente y así quedó reflejado en sus Memorias. Cuando no pudo soportarlo más se fue a vivir con sus abuelos maternos a Seattle.  Estos, Augusta Morganstern, judía y Harold Preston, protestante,  la acogieron y bajo su vigilancia  estudió en el Annie Wright Seminary de Tacoma.  Finalmente fue a graduarse al prestigioso Vassar College en 1933, hecho que marcó su vida y que reflejó en El Grupo.

Impartió clases en el Bard College y en el Sarah Lawrence College, entre 1945 y 1956. Su amistad con Hannah Arendt, que se remonta a 1949 y llega hasta la muerte de ésta, fue uno de los más importantes encuentros intelectuales estadounidenses, tal como queda reflejada en la  copiosa correspondencia cruzada entre ellas.

Durante la década de los años treinta frecuentó los círculos de izquierda de Nueva York siendo a la vez muy crítica con el estalinismo.

Colaboró en la Partisan Review y en The Nation, The New Republic, Harper´s Magazine y The New York  Review Books. Llamó la atención por la agudeza de sus críticas y por su buena formación. Entre los cuarenta y cincuenta criticó al reacionario mccarthismo y a sus secuelas, pero también a los izquierdistas más ciegos. Sus críticas alcanzaron a la guerra de Vietnam y a los escándalos del presidente Nixon.

En 1933 se caso con Harald Johnsrud y a continuación con el crítico literario Edmund Wilson. En sus años finales vivió en París largo tiempo con su cuarto marido.

Su primera novela, The Company She Keeps causó cierto escándalo por su franqueza. Conseguida una reputación importante por su ironía y su capacidad crítica en 1963 publicó  su novela más popular, The Group, que estuvo dos años entre los libros más vendidos del New York Times. Su obra en conjunto destaca por una mezcla rica y precisa de ficción y autobiografía. Es, a juicio de muchos, una de las más grandes escritoras e intelectuales estadounidenses del siglo XX.

Fue miembro del National Institute of Arts and Letters. Logró los galardones: National Medal for Literature y Edward MacDowell Medal en 1984.

La novela fue llevada a la gran pantalla en 1966, dirigida por Sidney Lumet.