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Futuro imperfecto de Xulia Alonso

En el club de lectura de Os Rosales, Café con libros, comenzamos el curso con un bloque que hemos llamado “Nuestras escritoras del s. XXI”, y tenemos el enorme placer de empezar con Xulia Alonso Díaz y su Futuro imperfecto.

La obra

Es el relato de una experiencia en la que los hilos del amor se entrecruzan con la amenaza de la muerte. La necesidad de acercarse a la vida con máxima intensidad es el punto de partida de la historia autobiográfica que Xulia Alonso teje en Futuro imperfecto.

Con estilo directo, la autora cuenta la historia de su amor por Nico y la experiencia de su pérdida. Xulia Alonso repasa en primera persona su vida, partiendo de la dolorosa pérdida de su compañero debido al SIDA. Futuro imperfecto contiene una historia de amor y una advertencia. Es el testimonio de una superviviente.

Es también una visión de los años 80, de los primeros universitarios en busca de libertades personales, de esperanzas y de paraísos ficticios, como el que parecía prometer el mundo de las drogas.

Es un canto al amor con letras mayúsculas, al amor de pareja, de amistad, de los padres, de los hermanos, de los hijos…

La autora

Xulia Alonso Díaz nace en A Rúa (Ourense) en el año 1961. Cursa estudios de bachillerato y COU en el Colegio Paulo VI de su pueblo natal y en el año 1979 se traslada a Santiago de Compostela para iniciar la carrera de Psicología.

A principios del año 1981 empieza a trabajar en la Xunta de Galicia como auxiliar administrativo, donde desarrolla su actividad laboral hasta septiembre de 2008, momento en que por motivos de salud se aparta del mundo laboral.

El descubrimiento a principios de los años 80 del mundo de las drogas y su adicción a la heroína durante tres años -superada en 1985- dejan una huella indeleble que marca su futuro: el VIH.

Futuro imperfecto es la primera novela de esta autora.

Futuro imperfecto

Lo que su autora Xulia Alonso Díaz nos cuenta en esta historia escrita en gallego es su propia vida. Su autobiografía. Y lo hace sin concesiones, incluso diría que de forma violenta. Es una vida de lucha por la supervivencia, una vida que un día quedó atrapada en el mundo de la droga y el VIH. El que la quiera contar y pueda,  da una idea de la tremenda guerra que ha tenido que librar con sus adicciones y consigo misma para poder poner en orden sus recuerdos y plasmarlos de forma tan brillante.

Es también una visión de aquellos años 80, recién instaurada la democracia y las libertades personales. Años de sueños y esperanzas, de exploración social, de libertades aparentemente sin fin y de peligros a los que se habían de enfrentar sin preparación alguna. Entre otros el de  los paraísos  que las drogas parecían prometer y en los que muchos entraron y de los que no saldrían o lo harían con importantes secuelas físicas y psíquicas.

Porque con anterioridad a estas fechas en nuestra sociedad  no había habido formación alguna sobre el mal que la droga podía causar al individuo y a la colectividad. Era como si no existieran, como si negando el hecho fuésemos  a quedar a salvo de su influencia pese a que nos rodeaban por todas partes y  las mafias que las comercializaban estaban preparadas para introducir su consumo a poco que el nivel de vida y las estructuras sociales lo hiciesen posible.

Xulía es una joven de 17 años cuando decide ir a estudiar a  Santiago. Ella misma confiesa que a la Universidad solo fue a matricularse. A partir de ese acto su vida quedará unida a cuanta movida hay en dicha capital. Atrás quedaba la vida familiar, autoritaria, represiva, sin espacio para ser ella misma. Xulía era una alumna brillante en su colegio, obediente. Tanto los consejos de su madre como los mandatos de su autoritario padre eran normas que se obligaba a cumplir a rajatabla. Todo aquello, que ya venía quebrándose desde el inicio de su adolescencia, se hizo añicos al llegar a la compostelana ciudad. Tanto que al año siguiente, con 18 años, mayor de edad, se independiza de su familia y después de una etapa un tanto hippie, consigue un trabajo administrativo en las oficinas de la incipiente Xunta de Galicia cuyo salario le proporciona lo suficiente para poder seguir el camino que aparentemente había de hacer de ella una mujer libre y dueña de su  futuro.

Pero éste le tenía preparado un cruce singular. Casualmente conoce a Nico. Xulia recuerda su “mirada atlántica” y como la atrapó de por vida. Él también queda prendado de ella y  juntos pasarán todos los amargores que el destino les tiene guardados.  Ambos caerán en el mundo de la heroína, un mundo que la autora narra con una especial maestría – sinceramente creo que  esta novela debían ser de lectura obligada en los institutos de enseñanza media – que hace que el lector se emocione y sufra con ellos los avatares que su adicción les lleva a padecer.

Y aquí vuelve la autora a plantear otro tema de capital importancia, la ayuda que en estos casos puede prestar la familia y sus verdaderos amigos. Los detalles de como ellos los acogen en su lucha por salir de aquel infierno y como unidos, familia amigos e interesados,  se esfuerzan en poner todo su afán para que esto sea posible. Una guerra en que toda ayuda es poca,  en la que lo principal es el propio deseo de los implicados, ella y Nico, en salir de aquel terrible abismo en el que estaban. No puede expresarse mejor todo lo que se relata, se vive leyéndolo y se desea que el sentimiento que fluye en nosotros  llegue como una ayuda moral más.

Si la novela quedará en lo mencionado, la forma en que se entra en la droga y la lucha para salir de ella, ya habría conseguido su objetivo. Pero hay más. Una vez fuera, una vez en la superficie la vida sigue. Ellos dos tienen secuelas importantes y una hija a la que criar. El relato va detallando  como la vida de ambos se va complicando con el agravamiento de Nico. Como este hecho cambia toda percepción. Se sabe que el final está más cerca que lejos y se aprende a vivir el presente en toda su intensidad. Así transcurren los dos años que van desde el primer síntoma grave al desenlace final, unos años que se describen con toda la angustia, amor y solidaridad que  ellos se tienen y  sus fieles y esforzados amigos les brindan. Me gustaría destacar el canto que hace a la profesionalidad médica de la sanidad pública, a su trato humano y personalizado. A la comprensión de sus problemas.

Nico fallecerá tal como habían vaticinado. No había salvación. Pero la vida tiene que seguir y ella deberá afrontarla desde el recuerdo a su amor por él y volcarse en su hija, fruto deseado de ese amor. Todo contado sin caer en el melodrama y en lo fácil. No nos deja indiferentes y menos a los que vivimos aquellos tiempos, conocimos los estragos del SIDA en la sociedad y fuimos testigos de la condena de los que padecían la enfermedad  hasta el punto de considerarlos unos  apestados. Tuvo que pasar un tiempo para que todos aceptaran que eran unos enfermos más y como tal debían ser tratados.

Xulia Alonso Díaz nació en 1961, en A Rua (Ourense). Cursó bachillerato y COU en el Colegio Paulo VI de su villa natal y en 1979 marchó a Santiago de Compostela para estudiar Psicología. En enero de 1981 empieza a trabajar como administrativa en la Xunta de Galicia, donde desenvuelve su actividad laboral hasta septiembre de 2008, momento en que causa baja por motivos de salud. El descubrimiento del mundo de las drogas en los primeros años 80 y su superada adicción a la heroína le dejaron secuelas importantes que marcarían su futuro: el VIH.

Futuro imperfecto es su primera novela.