Arquivo do blog

“Una travesía con John Banville” reflexiones de un lector del Club Ágora

Este año los clubes de lectura de A Coruña fuimos invitados por el Principado de Asturias, a un encuentro en Gijón con el actual Premio Príncipe de Asturias de literatura, John Banville.

Encuentro con el actual Premio Príncipe de Asturias de Literatura, John Banville. Teatro Jovellanos

Para preparar el encuentro todos nuestros clubes de lectura decidimos acercarnos a  su obra.

“Para mí existen dos maneras de escribir, la del artista y la del artesano. Banville es el primero, Black, el segundo”

De  la mano de Benjamin Black, “el artesano” nos sumergimos en su novela de intriga: La rubia de ojos negros : una novela de Philip Marlowe , El otro nombre de Laura, Muerte en verano y El secreto de Christine y con John Banville, “el artista” disfrutamos enormemente de sus descripciones y sus frases perfectas con Antigua luz, El mar o Los infinitos.

Uno de nuestros lectores del Club de lectura Ágora José Manuel Pampín Villar,  ha compartido con nosotros “Su travesía con John Banville”

Empieza su viaje, espero que os guste…

“El mayor invento de la Humanidad es la frase. Pensamos, calculamos y soñamos con frases; con frases declaramos amor, amistad, rabia o la guerra; nuestras leyes se expresan en frases. Qué privilegio, por tanto, haber sido capaz de pasar mi vida trabajando con este artefacto fundamental de la civilización”.

Son palabras del propio Banville. Cuando uno se desliza por “El mar” de esas líneas logra viajar por “Los infinitos” océanos de su universo literario,  son el cuaderno de bitácora de su creación artística.  Y es que “El mar” y “Los infinitos” son los títulos de dos extraordinarias novelas, las mejores junto con “Antigua Luz”, en mi  opinión,  del escritor irlandés.

Ahora  el club de lectura del Ágora me ofrece la posibilidad de viajar de nuevo al leer sus obras, de realizar una doble travesía acompañado de Banville y su inseparable Benjamin Black. Con este último realizaré un viaje de placer, un crucero para relajarme en su compañía junto a la barra del bar, y en donde seguramente surgirá alguna mujer fatal involucrada en un extraño suceso que los Marlowe, Sam Spade o Lew Archer de turno deberán resolver ante nuestra atenta mirada. Así es su prosa cuando escribe “Muerte en verano”, “El secreto de Christine” o “La rubia de ojos azules”, un entretenimiento, un homenaje a la novela negra, un ejercicio de prosa diáfana y fluida. Para mí, sin más trascendencia.

Pero con Banville el viaje es mucho más interesante; al leer “Antigua Luz” nos parece subir  a bordo de los veleros y navíos más bonitos y destacados de la historia : El Flying Cloud, El Bounty o El Mayflower entre otros. Y creemos ver a Banville relatándonos con sumo cuidado y detalle su historia y sus circunstancias. Y es que “Antigua Luz” es una joya de novela, un auténtico ejercicio de estilo en el que la prosa se aproxima a la mejor de las poesías. Solo un grande de la literatura es capaz de convertir un argumento sencillo en una excelente novela. Un libro para leer con detenimiento porque cuesta, en ocasiones, asimilar tanto sentimiento, tanto detalle en las percepciones, en las observaciones y en las sensaciones, en los recuerdos.

No voy a ser yo el que hable aquí de la trama de la novela, repito que en mi opinión carece de transcendencia, salvando quizá la relación entre Alex y la Sra. Gray que me ha parecido de lo más destacado de su argumento. Lo que de verdad importa es el estilo, son las frases, el manejo del idioma, la exigencia consigo mismo al tratar de buscar el escribir la mejor de sus novelas, y en este caso la buena y cuidada traducción del inglés al español.

Banville no sólo cree en el hecho de contar una historia, sino que también considera que la belleza de lo escrito es esencial. Sus novelas son profundas y sutiles, caracterizándose por la sensibilidad de las emociones humanas. Todo un lujo de escritor que se permite el privilegio de poner a trabajar a Benjamin Black mientras Banville continúa buscando la cuadratura del círculo de su producción literaria.

Nuestro viaje junto a Banville termina en Gijón, a donde acudimos con motivo de la entrega al escritor irlandés del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014, invitados por el Principado y acompañados, mis compañeras de lecturas y yo, de Maru y Cristina. Allí hemos podido disfrutar de un extraordinario día todos juntos en el que ha quedado patente una vez más el fantástico ambiente que reina en este maravilloso club de lectura. Hemos podido oir al maestro Banville en directo y en mi caso, incluso regresar con un ejemplar firmado de su puño y letra. Gracias a las profes por su implicación y a mis compañeras por su amistad.

Muchísimas gracias  José Manuel, (autor del blog El lector olvidado)  por todo y especialmente por compartir tu travesía con nosotros.

Os dejo con imágenes de nuestro viaje a Gijón, un día fantástico lleno de literatura, lectores, compañeros, amigos y risas. Un autentico placer.

This slideshow requires JavaScript.

El otro nombre de Laura

Con la lectura de este libro damos comienzo al curso 2014/2015. Esperamos que sea tan gratificante como fue el anterior.

La novela comienza con una solicitud de entrevista entre dos personas que hace mucho tiempo que no se han visto. Billy Hunt solicita esa entrevista al Dr. forense Quirke. Ambos se conocieron en su época de estudiantes de medicina, si bien Billy Hunt no llegó a terminar la carrera. Pese a que no se puede decir que fuesen amigos, Quirke acepta celebrarla. En ella Billy le solicita que finja hacer la autopsia al cadáver de su mujer. Esta había aparecido muerta unos días antes y todo parece indicar que la causa fue un suicidio. A Quirke aquella petición no le parece normal, pero en virtud de una pretendida confraternidad académica accede a la petición que le hace su antiguo compañero.

Una vez delante del cadáver y después de la primera inspección visual del mismo, Quirke se salta su promesa e indaga la verdadera causa de la muerte de la mujer a quien todos llaman Laura Swan y cuyo verdadero nombre era Dreide Hunt, de soltera Dreide Ward.

A partir de ahí comienza a desarrollarse el entramado en el que se basa la historia que el autor nos cuenta, y si hemos de destacar algo de ella por encima de todo lo demás es la descripción de los distintos personajes que intervienen en su desarrollo. No todos ellos son personajes nuevos para el lector de las obras de Benjamin Black (seudónimo de John Banville). Esta es la segunda novela en que el protagonista principal es el Dr. Quirke; de hecho a lo largo de la narración se hacen referencias a otras personas que sustentaron la anterior historia, “El secreto de Christine“. Tanto el también Dr. Mal como la hija de Quirke, Phoebe, ya figuraban entonces y siguen aquí con más o menos protagonismo que en el caso de Phoebe su presencia en el entramado es importante hasta el punto de formar parte del desenlace.

Todos los personajes que el autor introduce tienen bien definida su función y perfectamente descrita su personalidad. La forma de narrar hace que nos  sea fácil imaginarnos su aspecto y por tanto que nos  parezcan amigables al margen de su función en la trama. Todo está bien orquestado para que el lector tenga ese punto de deseo que hace que la novela interese. Es posible que si se tratase de otro autor que no tuviese la sintaxis del que nos ocupa, la narración nos pudiese parecer un tanto barroca y distorsionar el seguimiento de los hechos que describe. No es el caso, Benjamin Blakc, (Banville) es un maestro en construir literariamente el mundo en que quiere que sintamos lo que nos relata. Estamos en los años 50, en Dublín, en una Irlanda tradicionalista y católica y en la que, al parecer, no todo es tan justo y honrado como esa sociedad parece. Ya en la citada novela anterior denunciaba la hipocresía de aquella sociedad. En esta abunda en ello si bien de forma más sutil. En esa sociedad se dan casos de chantaje, drogas, alcoholismo, sexo, corrupción y búsqueda de paraísos artificiales que llenen la anodina vida de muchas respetable personas.

El epílogo de la novela nos indica que habrá una tercera obra en la que el personaje de Quirke volverá a ser protagonista.

Jonh Bamville es un novelista irlandés nacido en Wesford en 1945. Está considerado uno de los grandes talentos de la lengua inglesa. Ha recibido el Premio Booker en 2005. Escribe también novelas de serie negra bajo el seudónimo de Benjamin Black.
Desde muy joven quiso ser escritor. Estudio en una escuela de los Hermanos Cristianos y en el colegio católico de San Pedro de Wesford. Al terminar en vez de ir a la universidad se puso a trabajar en la compañía aérea Aer Lingus, lo que le permitía viajar por el mundo. Más tarde diría de esta decisión que fue un gran error, que debió ir a la universidad y tomarse un tiempo para emborracharse y enamorarse. Pero quería irse de su familia, quería ser libre.
Vivió en EEUU entre 1968 y 1969. Al regresar a Irlanda entró a trabajar como periodista en The Irish Press, del que llegó a ser subdirector jefe. A la desaparición de dicho diario pasó al The Irish Times. Es colaborador habitual de The New York Review of Books.
Publicó su primer libro en 1970, una recopilación de relatos titulada Long Lankin , a la que seguirían un a serie de novelas, Nightspawn, Birchwood, la llamada trilogía de las revoluciones – Copérnico (1976), Kepler (1981) y La carta de Newton (1982) – y cerca de una docena de novelas más entre las que destacan El Libro de las pruebas, (1989) finalista al Premio Brooker y El mar (2005) que ganó el preciado galardón.
Banville es conocido por el estilo preciso de su prosa. Su ingenio y su humor negro muestran la influencia de Nabokov.
En 2006 aparece el primer libro de Benjamin Black, El secreto de Christine, a la que han seguido otras cuatro novelas negras.
Sobre su desdoblamiento como escritor ha dicho: “El arte es una cosa extraña. Bajo el sombrero de Banville puedo escribir 200 palabras al día. Un día decidí que podía convertirme en otro y bajo ese segundo sombrero, en esa segunda piel, puedo irme a comer después de haber escrito mil palabras, tal vez 2000, y disfrutar con ello. Es increíble descubrir como otro tipo puede vivir tu vida, usar tus manos y deleitarse con eso. Escribir es un trabajo peculiar…. . Escribir es como respirar. Lo hago por necesidad. Por mi propia boca y ahora también por la de Black“.
Para Banville, que también ha escrito piezas de teatro, su oficio tiene mucho de samurái: “Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura”.

Está en posesión de numerosos premios y distinciones.

En este año 2014 le han concedido el Premio Príncipe de Asturias de las letras