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EL VESTIDO AZUL

“¡Que fuerte y alegre era yo por aquel entonces!

¡Cuanto reía! ¡Que saber estar! ¡Y qué hermosa

era también! Y despues llego la vida…

Y aquí me ve usted ahora, sometida

y obediente.”

Estos versos de Paul Claudel, hemano menor de Camille Claudel nos sirven para introducir la narración que sobre la figura de Camille y de su atormentada y tormentosa vida hace Michéle Desbordes la autora de la novela que nos ocupa.

En ella de una manera obsesiva nos relata los hechos, pensamientos, formas de actuar, emociones, estados de ánimo e incluso locura que componen las relaciones que en su momento mantuvieron Camille y Rodín. Alumna y maestro, amante y amado. Es una lectura densa, que describe todo lo antedicho de una forma precisa y en ocasiones preciosa, sin ahorrarnos momentos de placer, de alegría, penosos, trágicos y de abandono.

El tiempo de la novela  se desarrolla  entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Es una época en que el reconocimiento artístico para una mujer no era fácil y menos si se dedicaba a un arte como la pintura y la escultura. De lo que leemos deducimos que Camille tenía el don de moldear la arcilla o la piedra de forma magistral, una imaginación extraordinaria y una habilidad innata para hacerlo. A esto había que añadir que era una persona atractiva, si bien no parecía muy preocupada por su aparciencia. Rodin se da cuenta de sus facultades cuando ella entra en su taller como alumna. Se da cuenta al tiempo que se enamora de ella. Para Camille es un sueño ese amor. Dejará de lado todo lo que no sea complacerle pese a que él es una persona ocupada en multiples asuntos en diversas ciudades y naciones del mundo, lo que le obliga a viajar y estar ausente por largos periódos. También él tiene otra amante, con la que tiene hijos. Todo ello no es obstáculo para que Camille le adore y él se deje querer.

Esta relación es desigual en un aspecto importante. Mientras que él es ya un afamado escultor, reconocido y recompensado por ello, ella no pasará de ser una mujer que hace figuras de arcilla, terracota, metal o marmol.  Obras de un evidente valor pero que al estar moldeadas por una mujer y no figurar entre los elegidos en este arte pasará desapercibida sin que su amor haga nada por evitarlo. Hoy este proceder nos parece mezquino pero en aquel tiempo, – no tan lejano-, era algo normal y aceptado socialmente.

La autora hace un excelente uso del lenguaje. No da descanso al lector que debe asimilar toda la “tragedia” que aquí se cuenta. Es un relato intimista, en el que se refleja toda la potencia del alma femenina. Son unos amores sin esperanza y al tiempo ella los vive con esperanza, con la esperanza de que las cosas cambien y al final la vida acomode lo que no tiene posibilidad de encaje alguno.

El lector deberá juzgar lo leido y sacar sus propias conclusiones. La autora no lo hace. Es sorprendente lo que cuenta, pero más sorprendente es como lo hace. No es fácil de leer, pero no cabe duda que es bonito hacerlo.

Michèle Desbordes (4 de agosto de 1940, Saint-Cyr-en-Val ( Loiret ) – 24 de enero de 2006, Baule (Loiret), de 65 años) fue una escritora francesa. Curadora de bibliotecas universitarias, recibió varios premios por su historia La Demande dedicada a Leonardo da Vinci .

Estudió literatura en la Sorbona. En 1994 fue nombrada directora de la Biblioteca Universitaria de Orleans. Desde su casa en Baule escribió poemas y novelas.