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Filosofía en tiempos de pandemia

Imagen de una de las sesiones virtuales del café filosófico El Pensatorio

La filosofía, ¿eso para qué sirve? No deja de tener su gracia, ironías poéticas de la vida, que la filosofía, la venerable ciencia del arte de preguntar, siga suscitando, después de una larga peripecia bimilenaria, una cuestión como esa, tan básica y elemental, siempre recurrente, que la devuelve una y otra vez, como un boomerang, al origen, al principio. Aunque, por otra parte, en cierto sentido resulta casi inevitable que se produzca. Como si fuese un personaje más de los mitos de los que nació, liberándose de ellos y envejeciéndolos prematuramente, parece condenada como por una maldición a verse reflejada en el espejo oracular de su propia razón de ser. Su piedra, como la de Sísifo, es, para siempre, la pregunta: Filosofía, ¿para qué sirves? Las preguntas, bien o mal empleadas, pueden ser armas muy poderosas. Armas que desarman. Y, como tales, siempre se pueden volver contra uno mismo. Son de ida y vuelta. Y, así, dos mil años después de la aparición fulgurante de sus primeros héroes, tábanos molestos en una ciudad siempre insatisfecha de riquezas y poder, la pregunta para la filosofía sigue siendo, al parecer, una y otra vez, la misma. 

En las BMC llevamos cerca de un lustro intentando responder de manera activa a esa eterna cuestión. Hace ya cinco años pusimos en marcha El Pensatorio, un café filosófico cuyo planteamiento inicial se encuadra dentro de lo que se ha dado en llamar las nuevas modalidades de práctica filosófica. La idea básica de estas es retomar la vertiente práctica y comunitaria de la filosofía, la que se dio en sus orígenes. La figura de referencia es Sócrates. Y el método, lógicamente, la mayéutica, el oficio de las parteras, de las comadronas, el arte obstétrico por el que cada cual, mediante la actividad dialéctica, puede ir alumbrando sus propias ideas gracias al doloroso proceso de ser consciente primero de su grado de ignorancia. Las preguntas están para eso, son el fórceps.

Ese ejercicio de racionalidad en común, que ponemos en práctica en las sesiones quincenales que celebramos en los dos grupos con los que contamos desde el curso pasado en la biblioteca de Os Rosales, se vio bruscamente detenido, igual que el resto de prácticamente todas las actividades del planeta, por culpa de la pandemia del Covid-19. Tras el desconcierto y la parálisis momentánea iniciales, rápidamente, la pregunta arrojadiza se nos vino a la mente: para qué. La respuesta fue la misma que llevamos planteando estos cinco años: para hacer(nos) preguntas.

Gracias a la tecnología, los problemas de intendencia fueron fácilmente solucionables gracias a las herramientas telemáticas y pudimos mantener el calendario previsto del curso sin mayor problema. Lo que sí hubo que adaptar fueron los contenidos de las sesiones, los temas de debate, aunque esto también fue más sencillo de lo previsto. Justo antes del parón estábamos inmersos en un bloque de contenidos dedicado a reflexionar sobre el impacto de la tecnología en nuestro futuro inmediato: inteligencia artificial, big data, algoritmos, sistemas de vigilancia digital, etc. Este bloque, además, estaba vinculado a un ciclo temático de nuestra biblioteca titulado Tecnoloxía vs. Humanos. Estamos preparados para a nova era dixital?, con el mismo objetivo. Por lo tanto, lo lógico era intentar relacionar lo que estaba sucediendo en tiempo real con las preocupaciones surgidas dentro de ambas programaciones interrelacionadas. Es importante resaltar que un aspecto clave de nuestra idea de la filosofía, concebida esta de una manera amplia, -y también, dicho sea de paso, de nuestro concepto de biblioteca- es que debe ser una herramienta que nos ayude a saber interpretar la realidad, que nos permita orientarnos mejor dentro de ella. De modo que nuestro impulso inicial fue tratar de contribuir a que los integrantes del Pensatorio pudieran hacerse una idea más precisa de lo que estaba ocurriendo y de los posibles escenarios que se podían dar.

Como las ideas, a veces densas e inextricables, suelen estar interrelacionadas, al iniciar nuestra búsqueda temática empezaron a surgir conexiones con muchas de las cosas que estábamos viendo en ese momento, con lo que resultó relativamente fácil continuar con nuestra propia dinámica, a pesar del pequeño gran salto que suponía involucrarnos en la conversación global. En ese sentido, uno de los debates más interesantes que se empezaron a dar en la opinión pública, y en el que aprovechamos para meternos de lleno, fue el de la diferencia en la eficacia a la hora de controlar la expansión de la epidemia vírica de los países asiáticos respecto a los occidentales gracias al uso de herramientas vigilancia digital. Un artículo publicado por el filósofo coreano afincado en Alemania Byung-Chul Han, titulado La emergencia viral y el mundo de mañana, hacía hincapié en esta idea e inmediatamente dio lugar a toda una serie de réplicas y contrarreplicas más o menos explícitas. Y en nuestros grupos, ahora provisionalmente virtuales por obra y gracia de las herramientas telemáticas, comenzaron las preguntas y se abrió el diálogo: ¿estamos dispuestos a ceder nuestros datos al estado en aras de la salud colectiva? ¿Qué riesgos acarrea apostar por la vigilancia digital para combatir el virus? ¿Por qué hay diferencias tan significativas entre unos países y otros en cuanto a los niveles de contagio y mortalidad? ¿Cuáles son las razones por las que en las culturas orientales se confía más en el papel del estado?

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Una de esas réplicas a la tesis de Byung-Chul Han, por ejemplo, corrió a cargo de Marta Peirano, una periodista española especializada en internet y cibervigilancia cuyo libro El enemigo conoce el sistema se ha convertido en una referencia sobre estos temas. Ella fue una de los dos únicos periodistas en todo el mundo a quienes les concedió una entrevista Edward Snowden, el informático americano responsable de las dos filtraciones más importantes de la historia sobre el acceso por parte del gobierno de Estados Unidos a los datos personales de los usuarios de las principales compañías informáticas del mundo (Google, Facebook, Apple, Amazon, Microsoft), sobre la cual, por cierto, ya habíamos debatido en una de nuestras sesiones ordinarias de la programación mencionada. La postura de Peirano, expuesta en su artículo Contra la seductora lógica del totalitarismo, es crítica con todos aquellos que, como el filósofo coreano, en estos momentos de miedo y desesperación, se dejan llevar por los cantos de sirena de la supuesta superioridad de los estados totalitarios a la hora de utilizar las tecnologías de vigilancia masiva para controlar la expansión de la epidemia. ¿Están las dictaduras mejor preparadas para enfrentar situaciones catastróficas? Esa es la relevante pregunta implícita a la que la periodista española responde negativamente: no, no solo su respuesta no ha sido necesariamente más eficiente, sino que mediante esas medidas excepcionales se corre el riesgo de perder algunos de nuestros más importantes derechos civiles, el derecho al secreto de las comunicaciones y el derecho a la privacidad. Lo paradójico del caso, es que, como revelan las filtraciones de Snowden, aunque los gobiernos occidentales, supuestamente democráticos, están violando de manera subrepticia esos derechos, sin embargo, el acceso a esos datos no está teniendo una utilidad práctica en la protección de la salud de sus ciudadanos. Es decir, tenemos lo peor de los dos mundos: vigilancia individual sin beneficio social.

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En su libro Marta Peirano habla del sistema de crédito social chino, un sistema mediante el cual los ciudadanos son puntuados en función de su comportamiento, que queda registrado mediante una serie de herramientas tecnológicas (cámaras y algoritmos de reconocimiento facial, micrófonos de los smartphones, etc.). La puntuación obtenida da o priva de acceso a determinados servicios del estado o directamente a bienes como viviendas, trabajos, o  transporte, por ejemplo. Peirano comenta que las autoridades chinas critican a las democracias occidentales porque en su sistema los ciudadanos al menos saben perfectamente a qué atenerse, mientras que en el nuestro, no; en ambos se vigila a la ciudadanía, pero solo en el chino se conocen las reglas del juego. ¿Es eso legítimo, y más aún teniendo en cuenta todo lo que está sucediendo? En relación con todo esto, otro de los temas del momento es el rédito, en cuanto a mejora de su imagen como estado y sistema social, que China está obteniendo de la pandemia, así como la vulnerabilidad de los sistemas liberales occidentales. Y la tecnología y el uso que de ella hagan los distintos sistemas político-sociales va a jugar un papel fundamental en el futuro inmediato.

En fin, es difícil resumir en unas pocas líneas todos los temas, los distintos hilos y ramales de preguntas y respuestas que van surgiendo en la agitación propia del diálogo vivo. Llevamos ya tres sesiones virtuales del Pensatorio y, en vez de agotarse, no dejan de aparecer nuevas ideas a discutir o enfoques diferentes de lo ya supuestamente pensado. Sirvan, en cualquier caso, para poder hacerse una idea de en qué consiste nuestro café filosófico.

Platón definía el pensamiento como el diálogo del alma consigo misma que, mediante preguntas y respuestas, afirmando y negando, se detiene cuando dejar de dudar y se forma un juicio. De lo que se deduce que el pensamiento es, básicamente, una actividad. Como siempre les comento a las personas que se apunta a nuestro café filosófico, de la misma manera que hoy en día se ha puesto de moda el running, y lo importante del running no es batir ninguna plusmarca ni ningún record mundial sino que cada uno haga el mayor ejercicio físico posible partiendo de su propio estado de forma, nosotros en nuestro Pensatorio lo que hacemos es thinking, es decir, intentamos poner en forma nuestra mente mediante el ejercicio en común de la capacidad racional que todos tenemos, y recalco lo de en común.

Estamos en una situación excepcional, y lo vamos a estar por bastante tiempo,  y una buena forma de enfrentarnos a ella y reducir nuestros niveles de ansiedad y angustia es tratar de comprenderla, saber cómo y por qué se produce, qué posibles escenarios se pueden dar y qué podemos hacer cada uno de nosotros de manera individual y colectiva. Hacerse preguntas es siempre el primer paso en la resolución de problemas. Si nos las hacemos colectivamente el proceso mejora. Nuestro mundo ha sido puesto patas arriba, tratemos de entender las causas para intentar ponerlo en su sitio de nuevo lo antes posible. Comprensión es dominio, decía el filósofo. Seguiremos haciéndonos preguntas. Hasta la próxima sesión. 

El viaje a la felicidad

Hace poco más de un siglo, la esperanza de vida en Europa era de treinta años, como la de Sierra Leona en la actualidad: lo justo para aprender a sobrevivir y con suerte, culminar el propósito evolutivo de reproducirse….

Estas palabras son las que abren la Introducción al libro que tenemos entre manos. Libro que editado hace  ya unos años ha suscitado toda clase de reacciones sobre lo que el autor vierte en él. La mayoría de estas reacciones no han sido todo lo positivas que pudiera esperarse. Y es que el tema se las trae y más si a un concepto como la Felicidad le aplicamos métodos científicos,   a lo que no estamos muy acostumbrados, toda vez que consideramos ese sentimiento como algo apegado a la psiquis de cada uno.

Por lo general nos consideramos felices cuando aquello que perseguimos y a lo que hemos dedicado tiempo y esfuerzos se hace una realidad más o menos tangible. Puede ser el ver realizado un proyecto, el encontrarnos con unos amigos, el conseguir mejorar  nuestra posición social, el haber encontrado el AMOR, así con mayúsculas, etc. Pues bien, eso que para nosotros no son mas que concatenaciones de hechos y situaciones, el autor lo relaciona con la ciencia, con el desarrollo científico que en los últimos años ha sido espectacular.

Este desarrollo ha permitido conocer mejor el funcionamiento de nuestro cerebro. Como es su estructura, la relación entre las diversas partes que lo componen y como se manifiestan a través de él nuestra emociones, pensamientos y reflexiones.

Se parte del hecho de que la esperanza de vida se ha prolongado de forma significativa y en consecuencia  tenemos muchos más años para dedicar a otras actividades que las básicas de supervivencia y reproducción. Esta  situación ha llevado al hombre a intentar mejorar sus condiciones de vida y lograr la felicidad aquí y ahora, sin esperar a la que las creencias religiosas prometen una vez finalizada nuestra andadura en este mundo.

A esta labor nos hemos dedicado siempre con todo afán, y más ahora dadas los nuevos escenarios de vida. Lo hacíamos basándonos en principios filosóficos y de ello han quedado sesudos estudios desde la noche de los tiempos; estudios que no tenían en cuenta el factor científico. Esta laguna, según Punset, la trata de cubrir la ciencia moderna, aplicando sus conocimientos en la mejora de las condiciones que rodean el día a día de cada uno de nosotros, influyendo en el medio ambiente, sanidad, sistemas sociales y de convivencia. Se trata de que la comunidad científica contribuya con sus aportaciones a iluminar el camino por el que cada uno debe transitar para alcanzar ese Nirvana ansiado y, como antes comenté, lograrlo en este mundo.

Al final esta búsqueda queda reducida a una fórmula matemática. Es un poco chocante que algo sentido hasta ahora como espiritual y filosófico pueda ser traducido a una fórmula científica. No cabe duda que es un gran salto para las matemáticas, tan presentes en todo lo que se relaciona con el Universo y tampoco  cabe la menor duda que nosotros estamos en Él.

Eduardo Punset Casals, (Barcelona, 9 de Noviembre de 1936),  es jurista, escritor, economista y divulgador científico.  Fue militante del Partido Comunista y, más tarde, político en la Transición democrática de España, figurando en las filas de UCD y después en el CDS.

Es autor de varios libros sobre divulgación científica y colaborador en varios medios. Desde 1966 dirige el programa Redes de TVE, donde se tratan diversos temas científicos, como sociología, medicina, psicología, biología astronomía, entre otros.

Hijo de un médico rural de la provincia de Tarragona estudió el bachillerato en el North Hollywood High School de Los Ángeles. Se licenció en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Durante su militancia en el PC coincidió con Jorge Semprúm.  Amplió sus estudios en la Universidad de Londres, donde obtuvo el postgrado en Ciencias Económicas y en la Escuela Práctica de Altos Estudios de París, donde se diplomó. Fue redactor económico para la BBC, director económico de la edición para América Latina del semanario The Economist (1967-1969) y economista del Fondo Monetario Internacional en los Estados Unidos y en Haití (1969-1973).

Tras la muerte de Francisco Franco entró en política de la mano de Centristes de Catalunya-UCD. En su época de político tuvo un destacado papel en la apertura de España al exterior como Ministro de Relaciones para la Comunidad  Europea (1980-1981). Siguió su carrera política como independiente en CiU y en el partido CDS. Fue eurodiputado por el CDS entre 1987 y 1991. donde tuvo un destacado papel en el proceso de transformación de los países de Europa del Este después de la caída del Muro de Berlín. Abandonó la política en marzo de 1995, después de no haber renovado su acta de eurodiputado.

En 2007 le fue detectado un cáncer de pulmón del que pudo recuperarse con tratamiento médico.

Como especialista en temas de impacto de las nuevas tecnologías ha tenido diversos cargos en COTEC, ESADE, Instituto Tecnológico Bull, Instituto de Empresa de Madrid, Enher, Banco Hispano Americano y también como coordinador del Plan Estratégico para la Sociedad de la Información en Cataluña.

Autor de diversos libros sobre análisis económico y reflexión social. Actualmente es Profesor de Ciencia, Tecnología y Sociedad en la Facultad de Economía del Instituto Químico de Sarriá (Universidad Ramón Llull). Es director de la revista Redes para la ciencia y presidente de la productora audiovisual Grupo Punset y miembro de los consejos de administración de Sol-Melia y Telvent.

Esta en posesión de diversos premios y es Doctor Honoris Causa por la Universidad de les Illes Balears.