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¿Interconectados/as en tiempo de confinamiento?

¿Interconectados en tiempos de confinamiento?

Diciembre de 2019, saltan las alarmas a nivel mundial sobre la propagación de un nuevo virus, quizá en un principio menos mortífero que otros ya conocidos como el ébola o el SARS-1, pero que por su alta capacidad de contagio está causando decenas de miles de muertos a nivel mundial. Los gobiernos de casi todos los países, unos con mayor premura que otros, deciden adoptar una medida nunca antes vista por nuestra generación: confinamiento.

Y así, en apenas semanas pasamos de disfrazarnos de satisfayer o chinos, los más modernos optaron por monos naranjas y caretas de Dalí, a estar metidos en casa, sin poder salir. Surgió entonces una realidad que quizás no estábamos valorando, estamos comprobando los recortes en sanidad, I+I+D, educación, en el abandono de nuestros mayores, la feminización tantas veces negada de ciertas profesiones o la pérdida continuada del sentimiento de comunidad, entre otras cuestiones.

Desde hace años, imperaba un discurso según el cual, la revolución tecnológica tenía un elemento democratizador único, se consideraba motor para el cambio social, un elemento fundamental para conseguir un Nuevo Estado de Bienestar….

Pero llegó el confinamiento y con él vimos que nada de esto es del todo cierto. El debacle social, laboral y económico, viene en parte dado por esto. Estamos comprobando que eso de que “éramos tan tecnológicos” no es cierto. Ni las empresas, ni las trabajadoras, ni el sistema educativo parecen estar preparados para el tan famoso teletrabajo. La tan alabada transformación digital parece que estaba solo en los libros blancos o guías de buenas prácticas. Se abrió la caja de Pandora de las desigualdades mostrando todas sus vergüenzas, y es que resulta que muchas familias de este país todavía no tienen a fibra en sus hogares, no todas las casas tienen un ordenador o una tablet, y ha quedado demostrado que el mundo en el bolsillo que todas llevamos, el Smartphone, lo usamos fundamentalmente para ocio, no como herramienta de trabajo, ni siquiera como elemento informador.

Según el Banco Mundial, la economía digital no está reduciendo la desigualdad e incluso podría estar haciéndola mayor.

Las causas de esta relación entre tecnología y desigualdad serían:

  1. La persistencia de la brecha digital. Un 60% de la población mundial sigue sin conexión a Internet y por lo tanto, excluida de la economía digital.
  2. La concentración del mercado en las empresas ya establecidas, creando monopolios que a menudo se refuerzan con ayudas públicas.

Estos datos, y estas situaciones nos enfrentan con la realidad, hemos de recurrir al cuidado comunitario, a re humanizarnos, a volver a sentir que somos seres sociales y hacernos recapacitar como sociedad, especialmente los gestores de lo público. ¿Qué tipo de servicios ofrecemos?

¿Estamos alfabetizando digitalmente a las personas? ¿Esto de alfabetizarse digitalmente va en contra de la alfabetización emocional? ¿las bibliotecas públicas como elemento dinamizador cultural, espacio de formación e información deberíamos replantearnos nuestro papel en esta sociedad de la información?

Estamos viendo al profesorado sobrepasado, trabajando solos desde sus casas, con muchas dificultades para ponerse de acuerdo con sus compañeros sobre las cargas lectivas, a alumnado desbordado, quejándose de que están teniendo muchísimas más tareas que cuando iban a clase, a familias perdidas, denunciando que ellos no son educadores …

También, hemos podido comprobar que las primeras semanas dieron lugar a la aparición de multitud de bulos,fake newsbots,  informaciones contradictorias, erróneas etc, es decir, se pone una vez más de manifiesto nuestra escasa competencia digital, la inexistente o nula criba por parte de los lectores, la falta de contraste de la información, la incapacidad para reflexionar sobre algo que se lee antes de compartirlo, esto nos dice mucho de nuestra sociedad.

Y todo esto ocurre dentro de nuestros límites urbanos, pero ¿qué ocurre cuando nos vamos un poco hacia las orillas de las ciudades, a los bordes de la urbe y aparece lo rural?, ¿qué ocurre si vives a unos pocos kilómetros de la ciudad? Toda esta brecha de la que estamos hablando es todavía si cabe mayor. Esa España vaciada de la que hablamos es real a penas a unos pocos de kilómetros de las ciudades…

Quizás todo esto que está ocurriendo en estos días de confinamiento sirva para poder reflexionar, replantearnos prioridades como colectivo, empoderar los servicios públicos de verdad, y quién sabe, a reconstruir nuestras sociedades.

Mientras tanto, podemos apoyar estas reflexiones con obras literarias que nos hablan sobre estos temas, que se plantean esa vuelta a lo común, que proponen sistemas diferentes, que analizan fallos del sistema actual. Como siempre en las bibliotecas encontraréis material divulgativo muy interesante que nos permite profundizar en estos temas.