DOS CIUDADES


Vamos a iniciar las actividades del Club de lectura Forum mañás con dos libros, el ya comentado en este Blog, Las hijas de Hanna y este Dos ciudades.

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Si los hombres se dividen en sedentarios, emigrantes y los que no tienen hogar, probablemente yo formo parte de esta última categoría, si bien la concibo de un modo archimaterial, sin una sombra siquiera de sentimentalismo o autocompasión.

Divide su libro en tres partes: Dos ciudades; Archivos abiertos y El nuevo pequeño Larouse

Adam Zagajewski autor de este libro, es esa persona que no se siente de ninguna parte. Y esto ocurre por dos principales motivos, haber nacido el año que finalizó la segunda guerra mundial y haberlo hecho en una ciudad Lvov de la que partió con su familia hacía Gliwice cuando solo contaba cuatro meses de edad. Estas dos circunstancias marcarían de forma difinitiva su desarrollo intelectual.

No voy a ser prolijo en comentarios sobre el motivo por los que la población polaca de Lvov, ciudad por ellos mitificada desde ese momento, hubo de traladarse a la “horrenda” urbe de Gliwice. Los habitantes de la primera no aceptaron el haber sido deportados y haber perdido su estatus, aunque este fuese de poca importancia. Ellos eran una élite y en este nuevo enclave decidieron seguir siéndolo. Ellos venían de un paraiso de cultura y belleza y la nueva ciudad era un antro de personas simples e incultas que no sabían apreciar lo hermoso que la vida ofrece, literatura, música, pintura, parques, espacios idílicos. Aquí, en la minera e industrial ciudad de Gliwice todo era feo, calles, plazas, urbanismo en general y sus afueras solo eran un conjunto de escombreras de las minas que rodeaban este lugar. El relato de como aquellos ciudadanos de Lvov seguían tratándose como si continuasen ejerciendo sus antiguas actividades es una de las sorpresas que  esconde la lectura de la  historia. Nos cuenta como paseaban por las calles de su nueva ciudad pero en su fuero interno veían aquellas que habían sido obligados a dejar. Será algo que se vaya perdiendo según las personas que así  lo sienten  vayan desapareciendo por el orden natural de la vida, pero en el interín seguirán viviendo una enteléquia que les ayudara a soportar su existencia real.

Nuestro autor no está en esta circunstancia, solo tenía cuatro meses cuando abandonó Lvov. Pero su entorno influirá en su forma de ver las cosas. Al tiempo él verá la ciudad en la que vive de forma distinta, tal como es, con sus aciertos y errores, sus zonas bella y feas. Igualmente se relacionará con su gente y poco a poco sacará sus propias conclusiones. Y son estas las que le llevan a escribir el texto que tenemos entre manos.

Nos encontramos en una Polonia gobernada por una dictadura, una dictadura comunista. Una forma de vida que todo lo regula, que no deja espacio a la disidencia ni a la creatividad si esta no está previamente autorizada. En ese sentido  todas las dictaduras son similares, sean de izquierdas o de derechas. El Estado es el alma global, es quien dicta la conducta de la gente y salirse del guión establecido está no solo prohibido, también castigado y en ocasiones muy duramente; carcel e incluso pena de muerte.

Leyendo este libro he pensado en las personas de mi generación, los que hemos nacido en la decada de los años 40 en esta España nuestra. Como le pasó al autor solo conocimos una forma de gobierno y sociedad durante treinta y cinco años. Nuestra evolución no puedo haber dejado fuera esta circunstancia y muchas de las reflexiones que en el libro se exponen no nos son ajenas.

Nos cuenta como fue su infancia, la importancia de la religión en la vida de la comunidad, religión que el régimen permitía y estoy seguro, fomentaba. Era una manera más de tener dominados los impulsos colectivos. Él mismo se hizo monaguillo si bien apunta –Los monaguillos eran nihilistas. Les importaba un bledo la fe y la metafísica, no les interesaba ni Jesucristo ni Judas. Lo único que contaba era el manejo diestro del pebetero y de la batería de campanillas, la ejecución impecable de la coreografía y la capacidad de adoptar un semblante serio y recogido en cuanto el séquito encabezado por el cura abandonase la jubilosa sacristía-. Igualmente comenta como fue su estancia en la escuela, los discos de música clasica, de su afición por el jazz, de su despertar creativo, –poco a poco empecé a darme cuenta del precio que hay que pagar por los breves momentos de iluminación: duda, tinieblas y desespero-. De su afición por el fútbol. De las cosas que van sucediendo y que configuraron su personalidad.

En Archivos abiertos,  narra sus  reflexiones una vez caido el muro de Berlín y superadas también las dictaduras basadas en la filosofía marxista. Nos cuenta cosas verdaderamente increibles. Aquellos que colaboraron de manera directa en el mantenimiento de aquel régimen resulta que en muchas ocasiones justifican esta colaboración  como una manera de perservar su entorno, similar a lo que un artista hace para inmortalizarlo; era una manera de evitar que los inconformes destruyesen aquello que era en sí mismo bello, aquella idea dictatorial que gobernaba de forma tan extraordinaria la vida colectiva. No solo no muestran arrepentimiento por esta manera de hacer, se autojustifican y quieren hacernos ver que su labor fue fundamental en la conservación de lo que en el mundo es realmente importante.

Por lo que cuenta él mismo sufrió en su carne la represión. Liberado abandona su nación y da conferencias y clases magistrales en otros lugares, París es uno de ellos. Relata sus experiencias en este tipo de actos. La extrañeza que le produce ser él el centro de atención.

En un momento dado y sobre lo que muchos sugieren que es que escriba sus memorias, reflexiona sobre ello y llega a la conclusión que en muchos casos esto no es posible. No es posible dado que habría que contar hechos deleznables a los que nos vemos obligados para lograr sobrevivir en un ambiente opresor y mísero. No no es factible relatar mendacidades,  actos crueles e ignominiosos que hemos tenido que comerter para poder llegar a este momento.

Su lectura nos va descubriendo un mundo interior extraordinario. Es un libro para leer y releer, eso que hacerlo no es sencillo ya que requiere una constante atención y no saltarnos una sola línea. Su prosa es cuidada y rica y no deja indiferente en momento alguno.

Adam Zagajewski nació en Lwów, actualmente en Ucrania, el 21 de Junio de 1945. Es poeta, novelista y ensayista polaco. Es un miembro conocido de la Generación del 68 en su país y uno de los más famosos poetas contemporáneos del mismo.

Su familia fue expulsada por los ucranianos y se intaló en 1946 en Gliwice (Silesia), donde hizo sus estudios secundarios.

Se escribió después en la Universidad Jaguelónica de Cracovia, donde llevó a cabo estudios superiores de psicología y de filosofía. Más tarde enseñó filosofía en la Universidad de Ciencia y Tecnología. Es entonces cuando se liga al movimiento poético de la Nowa fala (Nueva ola) en la ciudad y perteneció a su grupo literario polaco Teraz (Ahora) dando a conocer sus primero poemas.

Además de su actividad poética difundía sus ideas en la revista clandestina Zapis, uno de los principales medios de la oposición democrática polaca. Esta Generación del 68 tenía como objetivo “alzarse contra las falsificaciones de la realidad y la apropiación del lenguaje por parte de la ideología y la propaganda comunista”. Crea varias revista y ejece como traductor.

Difundida la Carta de los 59 en 1975 tras los acuerdos de Helsinki, se unio en 1976 al Comité de Defensa de los obreros y las autoridades comunistas prohibieron la publicación de sus obras. Marchó entonces a enseñar en la Universidad de Houston. (EEUU).

Desde 1982 se estableció en París, según él más por motivos sentimentales que políticos. Residió un Berlín y en los Estados Unidos. Regresó a Carcovia en 2002 junto a su mujer, Maja Wodecka. Todos los años enseña como profesor invitado en la Universidad de Chicago.

Resulta injusto hablar de Zagajewski solo como un poeta político contrario al régimen dictatorial y, por ello, ideológicamente atractivo para un territorio democrático. Su escritura es de calidad reconocida; y aunque participara en movimientos a favor de las libertades en su país, él mismo dejó claro en el exilio que su personalidad era más bien la de un disidente de los disidentes y que había descubierto que ” la poesía está en otra parte, más allá de las inmediatas luchas partidistas, e incluso más allá de la rebelión -incluso la más justificada- contra la tiranía”. Ahora bien, la posición decidida por la libertad y la búsqueda de la belleza que el poeta polaco ha mantenido encuentra un testimonio fiel en sus textos y poemas, de gran hondura humana y fina sensibilidad estética.

Ha sido traducido a diversos idiomas y tiene en su haber importantes premios. Entre ellos el Princesa de Asturias de las Letras, otorgado en este año 2017. Con este motivo declaró en El Mundo que hay una cultura común europea: “Vengo a España y nada me parece ajeno”. Sobre sus primeras lecturas de autores españoles señaló “una versión del Quijote para niños. Después dediqué mucho tiempo a los libros sobre la Guerra Civil. Y a Antonio Machado, mi preferido”

 

Posted on 17 Setembro, 2017, in Actividades do club, Club Fórum mañás, Clubes de lectura, Novela histórica e biográfica, Novela social e política and tagged , , , , . Bookmark the permalink. 1 comentario.

  1. Pues para empezar no está nada mal el libro en cuestión. Nos ha parecido más que bueno. De esos libros que te gusta recordar y si es posible tener. La opinión ha sido unánime. Es un muy buen libro y un idem. escritor. Algunos nos sentimos identificados con lo que nos cuenta, pese a la diferencia de nacionalidad y país. A todos nos parece que sus reflexiones son acertadas, incluso sus aparentes contradicciones. No es fácil alcanzar su grado de reciocinio habiéndose formado en una sociedad sometida a un pensamiento único. No, no es fácil no odiar y abrir la mente de la forma que el autor lo hace. Un acierto.

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