El café de la juventud perdida


Me caería redonda y la gente seguiría su camino sin hacerme caso.

Modiano, autor de este corto e intenso relato, nos describe algo tan cotidiano como el común de las relaciones personales. Esas relaciones basadas en encuentros más o menos densos y duraderos en ciertos lugares comunes que la terminología actual llama “puntos de encuentro”. Un centro social, una plaza, una reunión con cualquier pretexto, un café.

Le Condé es nuestro café, al que podemos considerar un personaje más de la narración. Es el París de los años 60, está ubicado en el barrio de Montmartre. En él de forma cotidiana se encuentran una serie de personas que hablan entre sí, se conocen de verse en ese lugar, saben algo unos de los otros, todo lo que cada uno quiere exponer sobre si mismo. Rara vez las relaciones van más allá que las propias del tiempo que pasan juntos en el local y tampoco los interlocutores formulan pregunta alguna que sirva para conocer mejor con quien se está tratando. Hay por supuesto excepciones, pero sin que sirvan para profundizar mucho en el conocimiento mutuo. Sabemos lo que nos dicen y el presente que viven. Lo demás pertenece a cada cual y lo guardan para sí a ultranza.

La historia tiene cuatro narradores y gira en torno a una de las personas que son asiduas a dicho café, Jacqueline Delanque, a quien en dicho establecimiento y por uno de los asiduos es bautizada como Louki. Ella es el eje del relato y también una de los cuatro que lo narran.

Su persona será la que aúne lo que el autor quiere contarnos que no es otra cosa, a mi modo de ver, que la liviandad de las relaciones sociales en la mayoría de los casos. Como forjamos ideas de relación e incluso amistad entre nosotros sin otra base que el presente que vivimos juntos durante determinados momentos de nuestros días.

Jacqueline Delanke-Louki ha llegado allí casualmente, en un momento difícil de su vida, en el que trata de definir seguir o no la mentira de un matrimonio que sabe no la lleva a ningún lugar. Creerá encontrar nuevos objetivos a los que aferrar su hasta ahora anodina existencia. Durante un tiempo el café será su boya salvadora, de hecho le servirá para tener nuevas experiencias e incluso un conato de amor con otro de los clientes de dicho local, Roland, persona que también oculta una vida pasada. Roland no es ni nombre ni apellido, pero queda bien, incluso suena muy francés.Vivirán una especie de romance. Habitarán en una de las “zonas neutras”  que para el autor existen en todas las grandes ciudades, barrios donde el continuo trasiego de personas hace que no existan lazos comunes ni raíces con ese territorio. Son zonas de paso, sin  anclajes y donde nadie sabe ni quiere saber de nadie. Pienso que este término y su aplicación a dichos lugares es una de las mejores aportaciones del autor. Es una definición muy lograda para indicar ese tipo de barrios.

Por lo que Louki nos dice de ella misma, sabremos que es  hija única; su madre era una limpiadora del Moulin Rouge, Desconoce quien fue su padre y tiene una formación primaria que le impidió ser admitida en el Liceo de su barrio. Su madre y ella son de pocas palabras y la relación entre ambas es ligera, por no decir que nula. Viven juntas, pero eso es todo. Aún así su madre le ayuda en las ocasiones en que la policía la detiene por “vagabundeo juvenil”. No le hace reproches ni ella dejará sus paseos nocturnos por estos incidentes.

Sospecha quien puede ser su padre. La persona que paga el alquiler y a la que seguirá viendo después de la muerte de su madre. Nos habla de su relación con Jeannette Gaul, y con otros. Al final tiene algo más que una simple relación con Roland.

El mérito de Modiano es lograr narrar la cotidianidad y hacerlo de manera tan extraordinaria.  Describir los personajes hasta ese punto que nos hace pensar que algo de ellos sabemos, pero que profundizando vemos que no, que son misterios y lo van a seguir siendo. Hace que los lugares nos sean familiares, aún sin que hallamos estado allí. En una palabra logra que nos interesemos por la historia pese a que sabemos que no habrá nada superlativo en ella. Como el resto de personajes del libro también nosotros, lectores, nos sentiremos atraídos por Louki y no descansaremos hasta conocer el final de lo que, tan hábilmente bien, nos cuenta.

Patrick Modiano nació en Boulogne-Billancourt, el 30 de Julio de 1945. Es un novelistas francés ganador  del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa (1972), del Premio Goncourt (1978) y del Premio Novel de Literatura (2014). Varias de sus novelas han sido llevadas al cine y ha participado en la escritura del guión de algunas películas, entre ellas Lacombe Lucien, de Louis Malle.

Su padre, Albert Modiano (1912-1977) era descendiente de una familia de judíos italianos que se habían instalado en Salónica, desde donde emigraron a París. Su madre era la actriz belga Louisa Colpeyn. Ambos se conocieron durante la ocupación alemana de Francia, tuvieron que ocultarse y se casaron en noviembre de 1944. Patrick fue su primer hijo.

Su infancia estuvo marcada por las ausencias de su padre, empresario que hacía frecuentes viajes al extranjero, y de su madre, con frecuencia en gira. Esto hizo que se uniera más a su único hermano, Rudy, nacido en 1947 y fallecido prematuramente en 1957. Su muerte supuso el final de la infancia del futuro escritor.

Después de cursar estudios primarios ingresa en el Liceo Enrique IV de París. Durante su permanencia en este centro recibió clases particulares de geometría del escritor Raymond Queneau, que era amigo de su madre. Termino su bachillerato en Annecy, pero no inició estudios superiores.

Su encuentro con Queneau fue crucial para su posterior carrera literaria. Publico su primera novela, El lugar de la estrella, en 1968. Desde ese momento se dedicó únicamente a la escritura.

En septiembre de 1970 se casó con Dominique Zerhfuss. El matrimonio ha tenido dos hijas, Zina (1970) cuyo registro oficial describe en Libro de familia, y Marie (1978).

Una constante en su obra es la ambientación de lo que narra en la época de la ocupación alemana de Francia durante la Segunda guerra mundial. Aunque él no vivió esa época considera que es un período “confuso y vergonzoso” de la historia de Francia y para el constituye su “prehistoria” personal.

A esta ocupación dedica las tres primeras novelas, Place de l´Étoile (1968), La ronda de noche (1969) y Los bulevares periféricos (1972). En ellas se describen situaciones muy diversas pero todas relacionadas con la mencionada ocupación. En la primera mezcla personajes ficticios con otros que realmente existieron, como son los casos de Louis-Ferdinand Céline, Pierre Drieu La Rochelle e incluso Marcel Proust. En la última de ellas introduce algo muy presente en su obra, la búsqueda del padre.

En 1975 publica Villa Triste que supone una ruptura con su anterior línea narrativa. Esta novela fue llevada al cine por Patrice Leconte con el título de El perfume de Yvonne.

Su obra literaria es extensa y abarca múltiples facetas, desde historias con un alto contenido autobiográfico e incluso peripecias familiares de antes de su nacimiento, hasta una dedicatoria especial a su padre, Calle de las tiendas oscuras, que le valió el Premio Goncourt del año de su publicación (1978).

La relación con su padre queda también de manifiesto en  Un pedigree (2004), un relato autobiográfico desvela sus orígenes familiares y su propia ambigüedad frente a su padre, personaje dudoso, novelesco y con muchas sombras ingratas. “Llevaba diez años sin tener noticias suyas y supe de repente que se había muerto“. Desde entonces rehabilita la figura paterna. Tras un silencio temporarl en 2007 apareció En el café de la juventud perdida, que tuvo un gran éxito.

Es de destacar la importancia que en su formación literaria ha tenido Raymond Queneau. Sus relaciones fueron más intensas que las de profesor y alumno. Fue el lector de sus primeras obras e incluso actuó como testigo en la ceremonia de su boda.

 

 

 

 

Posted on 1 Novembro, 2015, in Actividades do club, Club Castrillón, Clubes de lectura, Libros lidos, Novela sobre a vida cotiá and tagged , , , . Bookmark the permalink. 2 Comentarios.

  1. Hemos leído la novela en una sola sesión. Es curioso. La mayoría necesitamos de dos lecturas para hacernos de verdad una idea sobre lo que el autor ha querido expresarnos. Y al final nos hemos quedado un tanto sorprendidos por la habilidad que tiene para relatarnos cosas obvias e interesarnos en ellas. Nos gustó, pero nos costó trabajo entrar en el meollo de lo que narra.

  1. Pingback: Diego y Frida. Una gran historia de amor en tiempos de la revolución | Blogs Clubs Lectura das Bibliotecas Municipais da Coruña

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