La mano invisible de Isaac Rosa


En Café con libros de los lunes ya habíamos leído La mano invisible a principios de curso, pero no fue hasta este mes de abril cuando tuvimos la oportunidad de leerla en el club de los martes. Es una novela de corte social, sobre el mercado de trabajo, que no deja indiferente a nadie.

Yo, que la he leído en el mes de octubre, sigo recurriendo a ella una y otra vez al hablar sobre cualquier circunstancia del mundo laboral. Y es que deja poso, y desde entonces, me sirve de filtro para analizar el trabajo de mi familia, amigos, noticias en prensa, redes sociales…

La obra

Portada de La mano invisible de Isaac RosaMediante una historia llena de tensión y estupor, Rosa realiza un retrato del mundo laboral y de cómo la percepción del trabajo ha ido deteriorándose a medida que las condiciones de los trabajadores han empeorado en los últimos tiempos. El autor afirma que lo que ha pretendido con su obra ha sido incitar al lector a una reflexión sobre el trabajo y sus condiciones. Sus conclusiones son claras: desde pequeños nos adoctrinan respecto al trabajo y, en el momento de incorporación al mundo laboral, nos volvemos dóciles, sobre todo cuando nos aprietan. Continúa diciendo que esta situación implica que el trabajador no se cuestione jamás el funcionamiento del sistema y no vea que otros modos de trabajar son posibles.

Así que en esta novela sorprendente el mundo laboral es el protagonista absoluto, no hay lugar para el mundo personal. Sólo el trabajo alienante, desgastante. Rosa utiliza a varios representantes del colectivo de trabajadores a cada uno de los cuales les dedica un capítulo. No tienen nombre, sólo tienen su profesión como única identificación: un albañil, una operaria, un carnicero, un mozo, una teleoperadora, una limpiadora, un mecánico, una costurera, un camarero, una administrativa, un informático y un vigilante. Todos ellos representan a los millones de personas que componen la clase trabajadora.

Estos trabajadores han sido reunidos en un trabajo extraño, muy extraño. Les han contratado para que realicen su trabajo de cara a un público en una nave abandonada. No saben, y no sabemos, quienes están detrás de sus contratos, ahí está la parte de intriga de la novela que se mantendrá hasta el final. Ellos realizan el mismo trabajo que realizarían si estuvieran en fábricas o empresas pero con la diferencia que, por una vez, lo importante no es la producción sino el proceso en sí mismo y el esfuerzo humano que hay detrás de él. El producto de su trabajo no va dirigido a nadie. Se destruye lo que se hace. Sólo trabajan para que unos espectadores les contemplen. El espectáculo del trabajo, muy propio en este mundo-espectáculo en el que vivimos donde todo se ha convertido en algo susceptible de ser filmado y contemplado.

En esta novela hay una crítica social muy fuerte al sistema de trabajo capitalista en el que vivimos en el que el trabajador consagra su vida a los intereses de otros y destruye todo rastro de solidaridad con los de su especie. Y ¿quién es la mano invisible? ¿El que se lleva las máximas ganancias y que maneja desde arriba los hilos o las manos invisibles de esos millones de personas intercambiables, prescindibles, que quedan ocultas e ignoradas bajo todo lo que nos rodea: los objetos que consumimos, los edificios a los que entramos…?

Estos trabajadores de La mano invisible nos van a hablar también (el texto está plagado de estas reflexiones a modo de monólogos interiores. Junto con la descripción es casi la única estructura del libro. Hay poca acción) de lo que sienten ellos trabajando de esa manera: de su rutina laboral, de su resignación, de su humillación, de su explotación, también de su rabia, son conscientes de lo que hacen (algunos de ellos) y para qué lo hacen pero también necesitan el dinero que ganan. Pero no se rebelan, sufren dócilmente, soportan la deshumanización. Son como robots. Como si fueran una prolongación de las máquinas que manejan. Esto está muy presente en todo el libro.

El estilo es muy descriptivo, detalla todo al milímetro (el autor se ha documentado a conciencia sobre los diversos trabajos), muy repetitivo, como si quisiera reflejar con ello la monotonía de estos trabajos.

La mano invisible se está adaptando además al cine. Toda la información del proyecto se puede consultar en su web: www.lamanoinvisiblelapelicula.com.

Para cerrar este comentario sobre el libro, os dejamos la reflexión de un lector del Club virtual de lectura:

Se dice que enfadados trabajan mejor porque son capaces de trabajar más y durante más tiempo, y es cierto también que nosotros insatisfechos compramos más ya que si fuésemos felices nos dedicaríamos a disfrutar y no a tener.

El autor

Retrato de Isaac RosaIsaac Rosa nació en Sevilla en 1974. Inició sus estudios de Periodismo en Badajoz y actualmente reside en Madrid.

Es columnista habitual de eldiario.es, colabora con la Cadena Ser y la revista mensual La Marea, entre otras publicaciones. Fue columnista del diario Público y de la revista Satírica El Jueves.

Ha cultivado la novela, el cuento, el ensayo y también ha escrito obras de teatro (Adiós muchachos, 1998). Con su novela El vano ayer (2004), que fue adaptada al cine por Andrés Linares en 2008 con el título La vida en rojo, obtuvo el Premio Ojo Crítico, el Premio Rómulo Gallegos y el Premio Andalucía de la Crítica. Es coautor del ensayo Kosovo. La coartada humanitaria, publicada en el 2001. Con su obra El país del miedo obtuvo el Premio de Novela Fundación José Manuel Lara a la mejor novela publicada durante el 2008. Posteriormente publicó La mano invisible (2011) y La habitación oscura (2013). Actualmente se encuentra inmerso en la escritura de la que será su nueva novela, tal y como nos comentó en el encuentro de la UNED A Coruña, al que acudió junto a la escritora Marta Sanz, este curso.

Posted on 15 Abril, 2015, in Club Os Rosales, Libros lidos, Novela social e política and tagged , , . Bookmark the permalink. 2 Comentarios.

  1. La mano invisible (Isaac Rosa)

    … en nada, no he pensado en nada, no recuerdo un solo pensamiento de hoy, y de esa pregunta han derivado unas cuantas reflexiones enladrilladas: en qué pensamos cuando no pensamos en nada, cuando dentro de la cabeza sólo hay una canción repetida que no siquiera recordaremos un instante después, o una idea que da vueltas sobre sí misma hasta morir, un recuerdo corto y repetitivo que no da para más.

    No siempre se sentía así, no siempre necesitaba ocupar la cabeza para saber que la seguía teniendo sobre los hombros, la mayoría de las veces ni se daba cuenta, eso es lo peor de la rutina y el automatismo, que no lo notas y tampoco te importa hasta que te paras y lo piensas, y es entonces cuando recurría a las hiladas dedicadas.

  1. Pingback: Roteiro de Rosalía de Castro por Santiago de Compostela | Blogs Clubs Lectura das Bibliotecas Municipais da Coruña

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