Tierra desacostumbrada


La escritora de origén bengalí Jhumpa Lahiri (Londres, 1967) nos ofrece un conjunto de relatos protagonizados por inmigrantes hindus de primera o segunda generación. Así encontramos referencias a costumbres, ritos, modos de hacer, sabores y olores de la India, y de su contraste con la vida en los barrios estadounidenses, con los centros comerciales, con los lazos familiares individualistas tan diferentes a la familia extensiva india. Pero este mundo tan concreto y minucioso recrea situaciones y problemas universales: la familia, la búsqueda de una identidad fuera de esa familia y en una tierra ajena (desacostumbrada) y al mismo tiempo, la irremediable añoranza de la tradición y de las raíces, la búsqueda incesante del amor.

La autora nos atrapará con una prosa sencilla, con sus detalles y descripciones.  Tiene dejes de un realismo social estadounidense pero también recuerda a los escritores rusos que describian a un estracto social muy concreto.

“Se volvió para mirar a su nieto dormido… de pronto cobró conciencia de que probablemente no viviría lo suficiente para ver a Akash alcanzar la edad adulta, que no vería a su nieto como un hombre de mediana edad, un anciano, y esa simple realidad lo entristeció”

Con su primer libro, Intérprete de emociones, ganó el Premio Pulitzer y el premio de la revista The New Yorker al mejor debut literario del año; su segundo libro El buen nombre fue llevado al cine por Mira Nair en 2006. Tierra desacostumbrada es su tercer libro y ha recibido también varios premios, entre ellos el de mejor libro del año 2008, otorgado por The New York Times.

Entrevista a la autora

Posted on 13 Marzo, 2013, in Club Forum tardes, Libros lidos, Obras and tagged , , . Bookmark the permalink. 1 comentario.

  1. Tierra desacostumbrada (Jhumpa Lahiri)

    Pero nunca se transmitía la sensación de la presencia de su padre en aquellos lugares.

    … las firmaba, como si alcanzar la felicidad fuera algo tan sencillo.

    Pero nada la hacía feliz; recientemente, en el transcurso de una conversación, él también se lo había señalado.

    Había ocasiones en que Ruma se sentía mucho más cerca de su madre que en cualquier otro momento de su vida, una cercanía derivada sencillamente de pensar en ella tan a menudo, de echarla de menos. Pero era consciente de que se trataba de una ilusión, un espejismo, y de que la distancia entre ellas era ahora infinita, inexorable.

    Era sencillamente la consecuencia de estar casado tantos años, la costumbre de la compañía.

    No quería ser parte de otra familia, parte del desbarajuste, las peleas, las exigencias, la energía requerida.

    La vida no hacía más que crecer hasta cierto punto.

    Era el único placer totalmente inesperado de su vida.

    Empecé a compadecer a mi madre; cuanto mayor me hacía, más comprendía la vida tan solitaria que llevaba.

    La información se precipitó entre ambos, valiosa por los años que se la había ocultado, insignificante ahora que se la había dado.

    No puedo seguir arreglando lo que va mal en esta familia.

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