Madame Bovary


Madame Bovary se publicó en Francia en tiempos del II Imperio, en 1857. Tanto el editor como el escritor tuvieron que enfrentarse a un juicio por inmoralidad al poco tiempo de su salida a la luz pública. Fueron declarados inocentes, pero este hecho es indicativo de la expectación y escándalo que su argumento causó en la sociedad de la época.

No era para menos. El libro trata de algo no concebible entonces. El que una mujer buscara su propio placer por encima de su condición y estado. La mujer de aquel tiempo  y podemos decir que hasta no hace mucho, estaba sometida a una serie de normas sociales y morales que la mantenían en una situación de sumisión total. Quedaban así ahogadas todas la ilusiones y sueños que pudiese tener respecto a su vida íntima, debiendo renunciar a sus más personales sentimientos. Ellas tenían bien marcado su rol en la sociedad y salirse de él era romper el statu quo establecido. La honra de los suyos descansaba en que su comportamiento fuese acorde con dichos preceptos, circunstancia ésta que aún pervive en la mente de muchos de nuestros contemporáneos. Su mejor destino era casarse y tener hijos que perpetuasen el apellido de su marido y enalteciesen a la familia. La abnegación y entrega a estas tareas era lo que los ojos del mundo la hacían respetable y admirada.

Emma  era una de estas mujeres. Nacida en el campo, huérfana de madre, con un padre poco o nada refinado y que no se cuidó de darle otra educación que la correspondiente a su rústica condición, cree encontrar al hombre adecuado en la persona del doctor Charles Bovary, al que conoce cuando éste acude a su granja para curar a su padre de un rotura de tibia. Es un hombre bien parecido y de una clase social superior. Ella, una mujer sensual, llena de sueños influidos por las lecturas románticas de la época, consigue atraer su atención. Charles también se siente interesado. Emma es atractiva y a él le viene bien casarse para que su responsabilidad de cara a sus pacientes se incremente. Y así sucede. Se casan y Emma abandona la granja y se va a vivir a una pequeña y próxima ciudad, Tostes, donde en un principio parece encontrarse a gusto pese a que el matrimonio no le ha proporcionado la exaltación de los sentidos tal como describían  los relatos que había leído.

Esta aparente comodidad y felicidad queda rota en el momento en que son invitados a una recepción en casa de un aristócrata al que el Dr. Bovary había atendido. En la fiesta Emma descubre una forma de vida intuida pero hasta entonces no vislumbrada. Lujo, elegancia, buenos modales, personas de apariencia feliz  y despreocupada. Todo lo que ella había soñado al leer aquellas historias. Piensa que esos arrebatos pasionales de los que hablan las heroínas de los relatos leídos y que ella no ha vivido en su vida de casada, son el pan nuestro de cada día en aquel ambiente. Aquellos hombres son tan diferentes a su marido. Con ellos seguro que sí se pueden sentir todos los placeres soñados. Solo estando dentro de aquel mundo de sofisticado lujo se podía ser feliz. Desde ese momento su deseo será pertenecer a ese mundo.

Consigue que su marido se traslade a otra población, Yonville. Allí dará a luz a su hija Berthe, un estorbo para sus aspiraciones. La dejará en manos de una nodriza y tendrá un trato muy esporádico y distante con ella.

En este población conocerá a dos personas cuyo trato definirá su vida. Rodolphe Boulanger, rico y galante por quien se sentirá atraída y León Dupuis, pasante de notario, joven, romántico, un alma gemela con el que congeniará enseguida.

La vida en Yonville  da pie al autor para describirnos la sociedad burguesa de la época. Una sociedad en la que pocos aportan algo positivo, cerrada y donde las envidias y deseos de destacar por encima de sus conciudadanos está al orden del día. Yonville no es mucho mayor que el anterior pueblo y aquí también el caciquismo impera. Lo representa el farmacéutico Homais, un ser petulante, ignorante y que opina de lo divino y humano cuando poco o nada conoce. Desea que sus tres hijos, personajes sucios y maleducados sean en el futuro germen de una saga de científicos.

Por la novela pasan otros personajes que Flaubert describe de forma somera y pulcra. Todos ellos configuran esa sociedad que antes comentamos y que tendrá sobre Emma una nefasta influencia que determinara el rumbo de su vida.

La segunda mitad del siglo XIX verá florecer en Europa el nacimiento de asociaciones feministas que luchan por que a la mujer le sean reconocidos derechos sociales y políticos. La literatura contribuirá  a estos deseos de emancipación de forma importante. Flaubert, Ibsen, Tolstoi, etc., crean personajes que rompen los estereotipos femeninos al uso, amen de lo que las propias mujeres hacen para reivindicar sus derechos y ocupar su puesto en la sociedad industrial que se esta creando. Es el momento también de grandes escritoras, como  Charlotte, Emily y Anne Brontë; Jane Austen, Mary Shelley; George Sand; Emilia Pardo Bazán, entre otras.

El personaje de Madame Bovary, junto con los de Ana Karenina y Nora, la protagonista de Casa de Muñecas de Ibsen, serán prototipos de esta nueva mujer que surge en la literatura de la época. Personas que tratan de cumplir sus expectativas sociales y sentimentales, y que rompen con la obediencia que anteriormente hemos comentado.

Gustave Flaubert fue un escritor francés. Nació en Ruan, Alta Normandía el 12 de diciembre de 1821, falleció en Croisset, Baja Normandía el 8 de mayo de 1880. Está considerado unos de los mejores novelistas occidentales y es conocido principalmente por su primera novela publicada, Madame Bovary y por su escrupulosa devoción a su arte y su estilo, cuyo mejor ejemplo fue su interminable búsqueda de “la palabra exacta”.

Su padre, Achille Cléofhas, era cirujano jefe del Hospital de Ruan y le sirvió como modelo para el personaje del Dr. Lariviere en la novela que nos ocupa. Su madre, Anne Justine, estaba emparentada con alguna de las más antiguas familias de Normandía.

En 1832 ingresó en el Colegio Real de Ruandonde curso  octavo. Siguió sus estudios en el colegio-instituto de la misma ciudad sin demasiado entusiasmo. Era considerado un vago. Se inició en la literatura a la edad de once años. En el verano de 1836 conoció a Élisa Schlésinger en Trouville, encuentro que lo marcó hasta reflejar esta relación en su novela La educación sentimental.

Licenciado en 1839 en agosto de 1840 supero el examen de bachillerato. Al quedar exento del servicio militar inició sin demasiada convicción los estudios de Derecho en París. Era algo tímido, vigoroso y con cierta gracia, muy entusiasta y sin ambición alguna, al menos aparentemente.

En la capital conoció a Víctor Hugo y viajó con él a finales del mencionado año 40 por los Pirineos y por Córcega. En 1844 y después de unos años viviendo de las rentas que le proporcionaba su patrimonio, dejo la capital y escudándose en que tenía que reponerse de un acceso de epilepsia, mal que siempre se esforzó en ocultar, regresó a Croisset, donde vivió con su madre y más tarde con su sobrina. Esta propiedad, una agradable casa con parcela a orillas del Sena, fue su hogar hasta el final de sus días.

En 1846 mueren su padre y su hermana. Flaubert se hizo cargo de su sobrina. Por entonces comienza una tormentosa relación con la poetisa Louise Colet (1810-1876), que duró 10 años. Está relación fue el único episodio sentimental en su vida. Nunca se casó.

Durante el II Imperio frecuentó los salones parisinos más influyentes y, entre otros eminentes hombres, se relacionó con Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant, conocida en el mundo literario como George Sand.

En esos años escribe la primera versión de La tentación de San Antonio. Traba amistad con Máxime du Camp (1822-1894), con el que recorrió la región de Bretaña y realizó un largo viaje a Italia, Grecia y Egipto, visitando además Jerusalén y Constantinopla, lo que le causó una gran impresión. Este viaje duró dos años, (1849-1851). Desde entonces, salvo contadas visitas a  París y una a Cartago, no volvió a abandonar Croisset.

Al regreso del comentado viaje empieza a escribir Madame Bovary. Necesitó 56 meses para completar la novela que fue publicada por primera vez en formato de folletín en la Revue de París en 1857. La publicación dio lugar a las acciones legales comentadas la principio de este trabajo. Curiosamente el mismo tribunal que lo declaró inocente condenó a Baudelaire por su obra Las flores del mal, publicada también ese año.

Cuando Madame Bovary apareció en formato libro recibió una cálida acogida. Flaubert pudo costearse su ya mencionada visita a Cartago entre los mese de abril y junio de 1858. El viaje tenía por objeto documentarse para su próxima novela, Salambó, que no terminó hasta 1862. Este estudio previo del ambiente y geografía en los que se va a desarrollar el motivo de sus obras era una obsesión en él. Es un escritor muy detallista y prolijo y no quiere que la sociedad y lugares que describe no se correspondan con la realidad.

En 1864 comienza a escribir La educación sentimental, en la que hace uso de los muchos recuerdos de su juventud e infancia, además de su conocimiento de las costumbres de la época. La novela se publica en 1869. Hasta entonces su vida había sido relativamente feliz, pero pronto sufrió una serie de desgracias motivadas principalmente por el hecho de que durante la guerra Franco-Prusiana los soldados enemigos ocuparan su casa. Desde entonces comenzó a padecer enfermedades nerviosas.

En 1872 fallece su madre y su hasta entonces buena situación económica empeora. Su sobrina Mme. Commonville cuida de él cariñosamente y sus relaciones con George Sand así como las que mantiene con sus conocidos parisinos Zola, Daudet, Turgenev, Edmondo Rostand y Goncourt  le sirven de apoyo tanto en lo económico como en aquello relacionado con su falta de salud. Sigue trabajando, incluso con más ímpetu. Publica la versión definitiva de La tentación de San Antonio; una obra de teatro, El Candidato, con la que tuvo una gran decepción ya que no logro la aceptación del público, y Tres cuentos. También trabaja en la que estaba seguro sería su mejor obra, la deprimente y desconcertante Bouvard y Pécuchet, que se publica marzo de 1881, casi un año después de su muerte.

Fallece en 1880 a la edad de 58 años. Murió de una hemorragia cerebral en su casa de Croisset, pero fue enterrado en el panteón familiar del cementerio de Ruan. En 1890 se inauguró en el museo de dicha población un bello monumento de Chapu dedicado a su memoria.

Posted on 9 Marzo, 2012, in Actividades do club, Club Castrillón, Libros lidos and tagged , . Bookmark the permalink. 3 Comentarios.

  1. Ha sido una novela que nos ha resultado muy interesante. Tanto sus personajes, en especial Emma Bobary, como las situaciones que Flaubert describe han dado lugar a un sin fin de opiniones. En general Madame Bobary no sale bien parada en dichos comentarios. Pese a comprender las limitaciones que las mujeres tenían en aquellos momentos para llevar a cabo sus ansias, no parece que la protagonista acertara en su manera de comportase. La mayoría encontró esa forma de actuar frívola y poco madura. Solo su final aporta algo de dignidad a una vida cuya única meta era disfrutar de riqueza y brillar en un mundo que suponía feliz, lleno de gente apasionada y alegre. Una utopía.

  2. No conseguí conectar con la protagonista de la novela,me resultó una mujer irracional,vivía en un mundo lleno de fantasías.la novela me gustó y dio para bastante debate.Un gusto por compartirlo con la gente que nos reunimos los miércoles.

  3. Una novela imprescindible cuya protagonista,eternamente insatisfecha,puede situarse en cualquier ëpoca.Ha dado mucho que hablar en nuestras reuniones.

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