Tokio Blues de Haruki Murakami


La muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella.

Este pensamiento  le asalta al principal protagonista de la novela Toru Watanabe. Y  es un aforismo importante. En el relato en que vamos a sumergirnos la muerte estará muy presente y será determinante para el desarrollo de la trama. La vida de los protagonistas se verá influida por su presencia y la forma en que llega, el suicidio.

Los acontecimientos están narrados en primera persona por el  protagonista, el citado Watanabe. A sus treinta y siete años y cuando su avión va a aterrizar en el aeropuerto de Hamburgo, la música ambiente que ponen en cabina, Norwegian Wood de Los Beatles, le hace evocar un tiempo ya pasado, los años sesenta, donde tantos acontecimientos afectaron de una forma importante en su devenir.

Por aquel entonces Toru vivía en Kobe. Tiene un amigo inseparable e intimo, su único amigo, Kizuki. A su vez también mantiene amistad con la novia de éste Naoko. Son inseparables. Kizuki y Naoko son novios desde siempre, desde los tres años, según ellos. Toru es feliz con esta doble amistad.

Todo cambia en el momento en que sin explicación alguna ni motivo aparente Kizuki se suicida. Tanto Naoko como Toru quedan desconcertados por este hecho. No es que dejen de ser amigos, que lo siguen siendo y quizás con más necesidad, es que el lazo que les mantenía unidos se ha deshecho. Dejan de verse y sus vidas  toman caminos divergentes.

Un años después y casualmente vuelven a encontrarse. Están en Tokio a donde ambos se han desplazado para estudiar en la universidad. Hablan, pasean, rememoran hechos y situaciones de  cuando con Kizuki formaban un inseparable trio. El día del veinte cumpleaños de Naoko y después de celebrar una pequeña e íntima fiesta se acuestan juntos y se aman. Parece que nada va a cambiar pero Naoko desaparece de repente y aunque Toru le escribe a su domicilio en Kobe no tiene inmediata respuesta.

Toru vive en una residencia de estudiantes y esto nos da ocasión de conocer como eran estos alojamientos en  aquellos años. Los describe como un mundo internamente caótico y sucio si bien externamente y debido a las rígidas normas imperantes todo parece transcurrir en orden. Comparte habitación con un singular compañero del que solo nos dice su apodo, Tropa de Asalto. Le llama así por su porte marcial que él acrecienta  con su forma de vestir y por su singular comportamiento  origen de innumerables anécdotas cuya narración hace reír a quien las escucha,  con las que Toru aprovecha para animar los momentos de charla con Naoko. También conoce en esa residencia a Nagasawa, estudia  diplomacia en la Universidad de Tokio, Posee una personalidad arrolladora, es inteligente y con don de gentes; tiene a gala leer solo libros de autores clásicos. Su amistad comienza cuando descubre que Toru tiene como libro de cabecera El gran Gastby, cuyo autor Scott Fitzgerald  es uno de los que él   más estima “pese a que no hace treinta años de su muerte”,  periodo  que considera necesario para que a un autor se le  clasifique como un clásico. Será quien lo introduzca en la noche de Tokio y en las conquistas fáciles. Para costear sus gastos Toru tiene dos empleos a tiempo parcial.

De forma casual y más por la curiosidad de la chica, se hace amigo de una compañera de su clase de Teatro, Midori Kobayashi. Es la antítesis de Naoko, extrovertida, llena de vida y segura de sí misma. Tanto él como ella se sienten atraídos y pese al amor por su antigua amiga este afecto crecerá durante la ausencia de Naoko. Midori es una mujer muy positiva. Su vida no es ni fue fácil, pero ella encara los problemas con optimismo y sabe sobreponerse a las dificultades que le surgen en su día a día. Lo que cuenta sobre como aprendió a cocinar es esclarecedor sobre su manera de ser.

La correspondencia con Naoko al fin se normaliza. Ella no está en Kobe, se encuentra alojada en una casa de reposo, un psiquiátrico. Toru se desplaza hasta el lugar, un edificio en un ambiente idílico entre montañas y solitario; muy acorde con lo que se pretende de los residentes, que alcancen el equilibrio perdido. Allí conoce a Reiko, compañera de habitación de Naoko. Reiko sabe de la relación entre ambos así como todo lo sucedido a Kizuki. Durante los dos días que permanece en el lugar se aloja con ambas mujeres. Son dos días en los Naoko y Toru hablan de los problemas comunes y de Kizuki, de lo que significó su trágico fin. Toru conoce que no es el único suicidio en la vida de Naoki.  Sabe de las intimidades de ésta con su finado amigo y del amor que a él le profesaba. También de sus miedos a poder algún día volver a convivir en sociedad. Toru le expresa su amor por ella y su disposición a ayudarla en su vuelta a una vida normal que le gustaría compartir.

También Reiko tiene secretos que no duda en relatar. Como de haber podido llegar a ser una concertista de piano se quedo en una maestra particular de este instrumento. Cuenta el curioso y sexual episodio que destrozó su vida y que la hizo enclaustrase en aquel centro. Lleva allí siete años y ha dejado en el camino un matrimonio feliz y una hija. No sabe si alguna vez volverá a la sociedad ni a que se dedicará si lo hace.

De vuelta a Tokio, Toru provoca sin pretenderlo el distanciamiento con Midori. Ella aspira a ser alguien en su vida, pero él enfrascado en su amor por Naoko no está a la altura de lo que Midori quiere. Se encuentra confuso y  pide consejo a Reiko. No quiere hacer daño a Naoko pero tampoco perder a Midori. Ella le contesta que aproveche la ocasión para ser feliz y ver como evoluciona su relación con Midori.

Poco tiempo después ese protagonista siempre presente en el relato, el suicidio, vuelve a hacer acto de presencia. Por medio de una carta se entera de que Naoko se ha quitado la vida. Este hecho lo descentra. Confuso, afligido y sin horizonte alguno vaga sin rumbo por Japón. Pierde todo contacto con Midori que se pregunta que le habrá pasado. Unos meses después Toru vuelve a los alrededores de Tokio donde Reiko se encuentra de visita. Reiko, una mujer en la madurez de su vida y Toru en su plena juventud, se alojan y acuestan juntos. Esta experiencia le abre los ojos y se da cuenta de que Midori es la persona que más le importa, la llama y le declara su amor. La respuesta de Midori es neutra, pero el hecho de que no lo rechace abre una ventana a la esperanza. Así termina la novela, con esa puerta abierta a un futuro que cada lector puede imaginar a su gusto a tenor de lo leído.

Al tiempo que nos cuenta todas estas historias nos describe como era la vida en la universidad y en Tokio de los sesenta. Fueron años convulsos, de movimientos sociales importantes que el protagonista vive como un espectador más. Incluso llega a pensar que muchos de los que promueven esta agitación lo hacen sin un compromiso firme. Considera que existe mucha hipocresía en todos aquellos actos.

Los principales personajes de la novela, con la excepción de Midori, son un canto a la soledad. Todos ellos por alguna razón viven dentro de ese concepto. No todos se sienten incómodos por este motivo, Toru la prefiere al bullicio y a las relaciones por que sí. Tanto Naoko como Reiko tienen motivos para estar  solas, incluso el carácter de ambas aboga por ese estado. Toru verá superada esa tendencia a la soledad en el momento en que se da cuenta de la importancia que para su vida tiene el estar junto a Midori. Otro importante rasgo del relato es la importancia que tiene la amistad y la franqueza, conceptos que deben estar por encima de todo y  como medio para superar cuantas dificultades se presenten.

La novela se lee con facilidad. La historia pese a su complejidad nos parece real y engancha. Es un mérito del autor Haruki Murakami.

Éste nació en Kioto en 1949. Vivió la mayor parte de su juventud en Kobe. Tanto su padre como su madre enseñaban literatura japonesa.

Estudió literatura y teatro griego en la Universidad de Waseda, en donde conoció a su esposa, Yoko. Su primer trabajo fue en una tienda de discos,(como Toru). Antes de terminar sus estudios abrió  en Tokio el bar de jazz “Peter Cat” (El gato Pedro), que funcionó entre 1974 y 1982.

En 1986 con el enorme éxito de su novela Norwegian Wood (Tokio blues), abandonó Japón para vivir en Europa y América, pero regresó en 1995 tras el terremoto de Kobe y el ataque de gas sarín al metro de Tokio que perpetró la secta Aum Shinrikyo (La verdad suprema). Más tarde Murakami escribiría sobre ambos sucesos.

La ficción de Murakami, que a menudo es tachada de literatura pop por las autoridades literarias japonesas, es humorística y surreal  y al mismo tiempo refleja la soledad y el ansia de amor  de un modo que conmueve a lectores tanto orientales como occidentales. Dibuja un mundo de oscilaciones permanentes entre lo real y lo onírico, entre el gozo y la oscuridad, que ha seducido a Occidente. Su literatura está influida por autores como  Raymond Carver, F. Scott Fitzgerald y John Irving a los que considera sus maestros.

Muchas de sus novelas tienen además temas o títulos referidos a una canción en particular, Dance, Dance, Dance (de The Dells), Norwegian Wood (los Beatles) y South of the Border, West of de Sun. (La primera parte es el título de una canción de Nat King Cole). Esta afición a la música recorre toda su obra.

A finales de 2005, Murakami publicó una colección de cuentos llamada Tokyo Kitanshu, traducido libremente como “Misterios Tokiotas”. Recientemente ha editado una antología de relatos llamada Historias de Cumpleaños, que incluye historias de escritores angloparlantes amén de una suya preparada especialmente.

En España la editorial Tusquets ha publicado diferentes obras de este autor. También Anagrama ha editado alguna.

Posted on 8 Febreiro, 2012, in Club Castrillón, Club Fórum mañás, Libros lidos, Obras and tagged , . Bookmark the permalink. 7 Comentarios.

  1. Ainda non o reatie pero, estame guatando moito, e unha novela diferente e engancha.
    Espero que esta tarde disfrutedes tamén comentandoo en persona no Club do Castrillón.

  2. Estamos disfrutando del libro, sin ninguna duda. A la mayoría le está gustando, aunque siempre hay quien no lo ve así. Personalmente me parece una buena novela, muy descriptiva de como era la vida en la Universidad de Tokio en aquellos años 60/70, y de como es la mentalidad japonesa respecto a la competitividad y el suicidio.

  3. Hemos terminado de leerlo. En general le gustó a todos, si bien la satisfacción fue mayor en algunos que en otros. Ciertos comportamientos y personajes llamaron la atención, bien por no estar acorde con nuestra manera occidental de pensar, bien por que la juventud de uno de ellos, 20 años, no parece la adecuada para alguna de las cosas que hace. Otro punto llamativo fue la de veces que el “suicidio” aparece en la trama. Destacar la amistad por encima de todo y la fuerza del amor y su lucha por ser correspondido. (Midori por Watanabe)

  4. Me ha sorprendido gratamente;pero lo que más me ha llamado la atención es que,el suicidio es un acto bastante común en Japón.Quizá,porque en nuestra cultura es un tema un tanto tabú.Es fácil de leer y sobre todo me ha gustado como profundiza en la amistad.

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