El Abuelo


Es una  obra de teatro escrita en 1897 por Benito Pérez Galdós.

El viejo conde de Albrit que había emigrado a América en busca del oro que según él, debieron dejar allí sus antepasados, regresa a Jerusa a una casa   propiedad de  unos sirvientes, Gregoria y Venancio, antiguos asalariados suyos. Estos trabajaban y se alimentaban de las tierras de Lucrecia, nuera que D. Rodrigo,  que así se llama el citado conde de Albrit.  

Lucrecia es viuda del hijo del conde. Tiene dos hijas Leonor y Dorotea, (Nell y Dolly como cariñosamente su madre las llama) . Ambas viven en la casa de Gregoria y Venancio  bajo la tutela de un perceptor, un viejo maestro llamado Coronado, persona de carácter débil al que sus pupilas burlan y dominan totalmente. Las niñas se encariñan pronto con su abuelo.

Nada más llegar D. Rodrigo se cita con Lucrecia. Sabe por su difunto hijo, Rafael, que una de las niñas es fruto de un amor espurio de ella con un pintor.  Incluso la culpa de la muerte de su hijo debido al desengaño producido por su relación. Exige conocer cual de las dos es su verdadera nieta. La que debería heredar  su condado. Ella se niega a darle dicha información y que pueda hacer distinciones entre sus hijas.

Para conocer de otra forma cual puede ser dicha nieta, traba amistad con los conocidos de la familia y con los más próximos a las niñas. Con Coronado, el maestro,  al que trata de sonsacar como son y cual es el carácter de ambas. Este le confiesa que las dos son muy buenas e inteligentes. También habla con Senén que es un personaje muy ambicioso por si el sabe algo del asunto. Por último habla con las pequeñas y las estudia en sus reacciones y gustos. Así descubre que  una de ellas tiene aptitud para la pintura y como quiera que el amante de Lucrecia era un pintor deduce que esa es la hija ilegítima.

Lucrecia está muy enfadada. Decide que lo mejor es que el abuelo dada su edad sea recluido en un convento para su cuidado y reposo. Carmelo, el cura es el encargado de hablar con el padre Maroto, que está en deuda con ella debido a sus generosas donaciones,  y tramar un plan para que el abuelo vaya al cenobio y se queda allí para siempre. Con engaños consiguen que el conde acceda a comer en el convent0 y aprovechando que después del ágape  D. Rodrigo queda traspuesto,  Senén lo deja allí y supone que la aventura ha terminado. Nada más lejos de la realidad. Al despertar el conde, hombre de genio vivo, se enfrenta al padre Maroto y a cuanto monje sale a su encuentro y abandona el convento volviendo a Jerusa. En el camino encuentra a Coronado que le acompaña

Llegado al pueblo desprecia la hospitalidad de Venancio y Gregoria, al tiempo que afea a  los implicados en el hecho. No solo censura duramente  su conducta  y  les echa en cara lo que tanto su padre como él habían hecho por ellos, dejándolos avergonzados y humillados. Una de sus nietas se pode de su parte e interviene en la censura con toda dignidad.

Lucrecia se arrepiente de lo que ha hecho. Se confiesa con el padre Maroto y le da permiso para informar al conde de cual de sus  hijas es su verdadera nieta.  En éstas están cuando Senén también despechado al no ver cumplido sus anhelos de mejora por parte de la Condesa, decide contarle al D. Rodrigo la verdad sobre sus nietas. Él no le cree, pero el padre Maroto ratifica todo lo dicho y causa una gran tristeza y depresión al Abuelo

Durante todo este tiempo el abuelo y Coronado habían  labrado una buena amistad. El maestro está amargado y aburrido de la vida y quiere suicidarse pero no encuentra valor para arrojarse por el acantilado, así que D. Rodrigo se  había ofrecido  a ayudarle dándole un empujón. Ante la nueva situación decide acompañarle en el acto de quitarse la vida.

 Lucrecia decide llevarse a las niñas a Madrid para encargase de su educación.  Una de las niñas se niega a abandonar a su abuelo y escapa para reunirse con él. Llega cuando los dos suicidas están a punto de consumar su acto, arrojarse al mar desde el acantilado. Su presencia lo evita.

Esta nueva situación hace que el abuelo reaccione y tanto él como Coronado renuncien al suicidio, amen de variar su punto de vista sobre el binomio amor-honor. Ellos se conjuran para educar a la niña y hacer que todos disfruten de la nueva situación.

En los personajes de la obra queda reflejada una buena parte de la sociedad española de la época. La vieja aristocracia venida a menos que represente el Conde de Albrit. Personas que viven aferradas a lo que fueron y consideran que tienen derecho a exigir que sus antiguos vasallos sigan cuidando de ellos pese a no poder costear esa dedicación. Aferrados también a los conceptos de dignidad y honor. Llevan hasta la última consecuencia estas ideas. Mirando hacia el pasado, despreciando un presente que no les gusta y sabiéndose sin futuro.

Nos refleja también a la nueva burguesía provinciana, orgullosa de haber prosperado pero  egoísta y corta de miras. Son los nuevos amos y así quieren que les vean y respeten sus, hasta hace poco, compañeros de fatigas. Dentro de ella el campesinado rico, avaro de su  opulencia y despreciativo.

El cura de pueblo, adocenado, aburguesado, lejos de conseguir los objetivos de santidad que le acompañaban en sus días de seminario. Más preocupado de su bienestar que de su misión evangélica.

El funcionario trepa, adulador y fullero, que basa su prosperidad en los favores que pueda conseguir y no en su trabajo profesional.

Los despreciados, representado aquí por el maestro. Ellos que se dedicaban a desbrozar las duras mentes de los zagales y luchaban contra los ejemplos que estos recibían del entorno. Ellos son los que al final no tienen premio alguno.

Y por último las niñas bien. Muy educadas, bien habladas y con modales, pero que no siempre estas cualidades se correspondían con un carácter noble y generoso.

 Benito María de los Dolores Pérez Galdós,  fue un novelista, dramaturgo y cronista español. Se le considera el mayor representante de la novela realista del siglo XIX y uno de los más importantes escritores en lengua española.

Décimo hijo de un coronel del Ejercito, Sebastián Pérez y de una hija de un antiguo secretario de la Inquisición, Dolores Galdós, nace en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de Mayo de 1843, falleciendo en Madrid el 4 de Enero de 192o.

Su padre, le inculcó el gusto por las narraciones históricas contándole asiduamente hechos de la Guerra de la Independencia en la que había participado. En 1852 ingresó en el Colegio de San Agustín, que aplicaba una pedagogía activa y avanzada para la época.

Obtuvo el título de bachiller en 1862 en el Instituto de La Laguna y empezó a colaborar con la prensa local con gacetillas, poesías satíricas, ensayos y algunos cuentos. La llegada a su casa de una prima suya le trastorna emocionalmente y sus padres deciden que se traslade a la capital a estudiar la carrera de derecho.

Llegó a Madrid en septiembre de 1862 matriculándose en la facultad. Entre sus profesores estuvieron, entre otros,  Fernando de Castro y Francisco de Paula Canalejas. Allí también conoció al fundador de la Institución Libre de Enseñanza, Francisco Giner de los Rios, que le animó a escribir y le hizo sentir curiosidad por una filosofía, el krausismo, que marcaría fuertemente su primera línea editorial. También frecuentó teatros y trabó amistad  con otros escritores paisanos suyos, creando la “Tertulia Canaria” en Madrid. Acudía con regularidad a leer en el Ateneo a los principales narradores europeos en inglés y francés. Allí, durante una conferencia conoce a Leopoldo Alas “Clarín”  del que se hace amigo.

En 1865 asiste a los hechos de la Noche de San Daniel, que le impresionaron vivamente.

En ese año comienza a escribir como meritorio en los diarios La Nación y El Debate, así como en la revista del Movimiento Intelectual de Europa. Al año siguiente, 1866, y en calidad de periodista asiste al pronunciamiento de los sargentos del Cuartel de San Gil, suceso del que deja constancia en el capítulo II de Memorias de un desmemoriado.

Su vida en Madrid es cómoda. Vive primero con dos de sus hermanas y después con un sobrino, José Hurtado de Mendoza. Era un descuidado en el vestir, siempre en tonos sombríos. En los inviernos llevaba enrollada al cuello una bufanda blanca con un extremo sobre su pecho y el otro a la espalda. Le gustaba igualmente llevar en la mano un puro a medio consumir y tener a sus pies cuando se sentaba a su perro alsaciano. Se cortaba el pelo al rape y tenía espantosas migrañas.

Persona tímida, sufría al hablar en público. Era muy observador y tenía una memoria visual excelente, lo que influyo de forma importante en su faceta de escritor.

En 1867 hace su primer viaje al extranjero, como corresponsal a la Exposición Universal de París. Volvió con las obras de Balzac y de Dikens. De éste escritor tradujo Los papeles póstumos del Club de Pickwick. Todas estas actividades le dejaban poco tiempo para sus estudios de Derecho, lo que lleva a la Facultad a borrarle definitivamente de la matrícula en 1868. En ese mismo año se produce el derrocamiento de Isabel II. Galdós que está volviendo de Paris y navega hacia Canarias, desembarca en Alicante y regresa a Madrid a tiempo de presenciar la entrada del general  Serrano y la de  Prin.

En 1870 publica su primera novela, La Fontana de Oro. La novela con todos los defectos de una obra primeriza, bosqueja la situación ideológica de España durante el Trienio Constitucional, (1820-1823).

En 1873 comenzó a publicar los Episodios Nacionales, un intento de entender la memoria histórica reciente de los españoles y donde se refleja la vida íntima de estos durante el siglo XIX, así como su contacto con los hechos de la historia nacional que marcaron el destino colectivo del país. Se trata de 46 episodios en cinco series de 10 novelas cada uno, salvo la última, que quedó inconclusa. Arranca con la Batalla de Trafalgar y concluye con la Restauración  borbonica en España. Este conjunto de novelas constituyen una de las obras más importantes de la literatura española de todos los tiempos y ejerció un gran influjo en la trayectoria de la novela histórica española.

El punto de vista adoptado es multiforme y refleja la evolución ideológica de Galdós, desde el aliento épico de la primera serie hasta el amargo escepticismo final, pasando por el radicalismo  político y la agresividad social-anarquistas de las series tercera y cuarta.

En 1876 publicó Doña Perfecta, una novela contra la intolerancia ideológica asentada en una imaginaria ciudad mesetaria, Orbajosa, semejante a la Fricóbriga de Gloria su siguiente novela (1877). Pese a la controversia que suscitó la obra Galdós fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1889.

Era un hombre poco inclinado a fanatismo ideológicos. Esto hizo posible que mantuviera amistad con personas de ideas no coincidentes, e incluso totalmente contrarias, a las suyas como José María de Pereda, Canovas del Castillo, Francisco Silvela y Marcelino Menéndez Pelayo. Viajó a Francia, Inglaterra e Italia en repetidas ocasiones. Su amistad con Pereda le aficionó a Santander, localidad en la que gustaba pasar sus veranos y donde construyó su celebre casa de San Quintin. También le gustaba Toledo, ciudad por la que sentida una especial predilección. Acompañado por Pereda visitó Portugal en 1884.

Influencias de las amistades le regalaron el acta de Diputado por Puerto Rico. Asistió a las sesiones del Congreso más como un observador de la realidad política del país que como un miembro activo de la Cámara.

En 1891 la actriz María Guerrero estrenó Realidad con el papel de Augusta. Fue una noche inolvidable para Galdós de lo que deja constancia en sus Memorias. Seguirían a esta obra las de La loca de la casa, cuyo libreto tuvo que cortar y modificar por su extensión y para lo que contó con la ayuda de José Echegaray. Luego La de San Quintin, el éxito más importante que obtuvo Galdós en el teatro hasta ese momento. Su representación duró en cartel 50 noches.

La vida sentimental de Galdós está poco estudiada, en buena parte por la discreción en que envolvió tales asuntos. Permaneció soltero si bien fue asiduo cliente de amores mercenarios. En 1891 tuvo una hija natural de una madre que se suicido posteriormente, Lorenza Cobian. También se conocen bien sus relaciones con la actriz Concha Morell y con la novelista Emilia Pardo Bazán.

Durante sus últimos años se consagró enteramente al teatro, al que entregó 22 piezas. En esa época empieza a aparecer el espiritualismo europeo en su obra, además de sentir un gran interés por la de León Tolstói. También en la última parte de su vida padeció las consecuencias de su descuido económico y su tendencia a endeudarse de forma continua.

Su afán de conocer bien España le llevo a recorrerla en tren, en compartimentos de tercera clase y a codearse con los míseros y hospedarse en posadas y hoteles de baja calidad.

Se levantaba con el Sol y escribía a lápiz hasta las 10 de la mañana, en que salía a pasear, observar y oir. No bebía pero fumaba cigarros de hoja uno tras otro. Adoraba la música. Leía mucho, especialmente los clásicos, tanto en inglés, francés o español. Rara vez iba al teatro. Se acostaba con las gallinas y cada trimestre acuñaba un volumen de 300 páginas.

Hizo sus pinitos en política. Se declaraba republicano y en 1909 fue, junto a Pablo Iglesias, de la coalición republicano-socialista. No obstante aquello no cuajó en su forma de ser y abandonó definitivamente toda actividad política y se dedicó de nuevo a la novela y al teatro.

En 1919 se realizó una escultura suya reconociendo  su  éxito en vida. Estaba casi ciego pero una vez que pudo palpar la obra se emocionó al sentir la similitud  de ésta con la propia. Cargado de laureles y considerado el mejor novelista español de siglo, murió en Madrid en Enero de 1920. Al entierro asistieron más de 20.ooo madrileños. Sus restos reposan en el Cementerio de La Almudena (Zona antigua, cuartel 2B, manzana 3, letra A).

Además de Episodios Nacionales ,  la novela que nos ocupa, El Abuelo  y algunas otras ya comentadas,  Galdós es el creador de una grande y prolija obra. No vamos a detallar aquí el conjunto de ellas, solo a modo de ejemplo algunas de las más conocidas como Fortunata y Jacinta, Tristana, Misericordia, Tormento, La de Bingas, etc. etc.. Algunas de estas novelas han servido de inspiración para guiones cinematográficos o series televisivas.

Posted on 2 Febreiro, 2012, in Actividades do club, Club Castrillón, Libros lidos and tagged , , , . Bookmark the permalink. 3 Comentarios.

  1. Pues tendre que plantearme leerlo, porque sí he visto la película con Fernando Fernán Gómez en el papel de Abuelo, y me encantó

  2. Lo más destacado de la novela es la decadencia de una aristocracia que se resistía a dejar de existir.Lo más bonito es ver como el Abuelo aprende a querer a las dos nietas olvidándose de lo que más le importaba su honor.

  3. Disfrutamos leyendo la historia, exprimiendo los sentimientos de los personajes, hablando del autor y de su tiempo. En general nos gustó a todos en mayor o menor medida, pero nos agradó. Galdós es detallista en la descripción de los escenarios, de los caracteres de los personajes, de sus virtudes y defectos. Al final vemos que lo que más nos ennoblece es el aprecio y amor de nuestros amigos por encima de otros lazos que socialmente parecen más importantes y fuertes, pero que nada son si no los acompañan los dos sentimientos antes mencionados.

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